14/04/2026
No se debe negar ni la identidad ni experiencias, pero si se puede exigir prudencia ante los procedimientos
TRATAMIENTOS MÉDICOS DE TRANSICIÓN DE GÉNERO Y RIESGO PSIQUIÁTRICO EN ADOLESCENTES. LECCIONES PARA EL AUTISMO.
Acaba de aparecer un estudio finlandés que ha remecido varios de los supuestos que se daban por válidos respecto de las reasignaciones médicas de género en adolescentes (menores de 23 años). Entre quienes recibieron intervenciones médicas, la necesidad de atención psiquiátrica aumentó de forma marcada en términos descriptivos, pasando del 9,8 % al 60,7 % en la reasignación feminizante y del 21,6 % al 54,5 % en la masculinización. El estudio abarca el período entre 1996 a 2019.
Esto obliga a revisar una narrativa ampliamente difundida, según la cual estas intervenciones constituyen una respuesta clara y eficaz frente a la depresión y el riesgo suicida en población trans. El estudio no muestra una reducción del riesgo psiquiátrico tras dichas intervenciones. Por el contrario, evidencia una persistencia —e incluso incremento descriptivo— de severidad en trastornos psiquiátricos.
El estudio, realizado en Finlandia con 2.083 adolescentes derivados a servicios de identidad de género y 16.643 controles, con un seguimiento medio de 5,49 años (mediana 4,93; hasta 25 años), muestra que estos jóvenes presentan una carga mucho mayor de problemas psiquiátricos graves: 45,7 % ya había requerido atención especializada antes de la derivación (frente a 15,0 % en controles), cifra que asciende a 61,7 % dos años o más después (frente a 14,6 %). Solo el 23,4 % no tuvo ninguna necesidad de servicios psiquiátricos (vs. 74,0 % en controles), mientras que el 27,6 % tuvo más de 100 atenciones especializadas (vs. 4,3 %), lo cual refleja trayectorias clínicas prolongadas y especializadas. En los casos desde 2011, los trastornos psiquiátricos previos prácticamente se duplican en la población con disforia de género (23,7 % a 47,9 %), manteniéndose estables en torno al 15 % en la población general, y tras la derivación a terapias de afirmación de género siguen siendo elevados (61,3 % vs. 14,2 %).
El riesgo de requerir atención psiquiátrica especializada a largo plazo es similar en todos los adolescentes derivados, independientemente de si realizaron transición o no, situándose entre 3–4 veces por encima de las mujeres y 5–6 veces por encima de los hombres de la población general. En conjunto, los datos muestran una población con alta carga psiquiátrica previa, persistente en el tiempo y sin evidencia de reducción tras las intervenciones médicas, más bien con aumentos descriptivos relevantes en quienes las reciben.
Estos resultados no son un accidente, sino que deben leerse en el contexto de un campo donde la evidencia ha sido, con frecuencia, débil y sobreinterpretada. Justamente la semana pasada, antes de la publicación de este estudio, en un artículo donde me preguntaba si existe algo que podríamos denominar “autismo woke”, señalaba que pocas poblaciones como la autista han estado durante los últimos años expuestas a una narrativa poco sólida, como muestro en mi libro “El amor autista”, donde afirmaciones como que “el 70 % de los autistas son no heterosexuales” o que hay mayor prevalencia de identidades de género disidentes que en la población general se han difundido como verdades objetivas, cuando en realidad se sostienen en evidencia débil. El problema no es la legitimidad de estas posibles experiencias, sino que muchos de esos estudios presentan muestras sesgadas, falta de seguimiento longitudinal, uso impreciso de categorías y sobreinterpretación de resultados preliminares, lo que impide considerarlos conclusiones sólidas y generalizables.
En la adolescencia, etapa de cuestionamiento y redefinición identitaria, muchos autistas —al no verse reflejados en los modelos neurotípicos de hombre o mujer— pueden interpretar su diferencia en clave de identidad de género divergente sin que necesariamente sea así. Un hombre autista o una mujer autista no tiene por qué parecerse a sus equivalentes neurotípicos.
Cuando era adolescente, quienes nos sentíamos distintos buscábamos pertenencia en subculturas: metaleros, punks, góticos, anarcos, subterráneos, etc. Mirado en retrospectiva, muchos éramos claramente neurodivergentes. Hoy, en una sociedad hipersexualizada y con profundos vacíos de sentido y de representación, la diversidad de género puede cumplir en algunos casos una función similar a la de antaño: muchos pueden sentirse comprendidos, aceptados y representados.
Ciertamente existen personas cuya identidad de género entra en contradicción con su s**o de nacimiento. Pero su prevalencia tal vez no sea la que se pretende. El mismo estudio señala que desde el 2010 se dio un incremento de derivaciones a terapias de transición de género aproximadamente 10 veces más en relación a décadas anteriores. No todo malestar identitario en la adolescencia equivale a tener una identidad de género divergente, por otra parte.
Por eso, el punto no es negar experiencias, sino evitar respuestas precipitadas. El estudio finlandés no demuestra que las intervenciones médicas empeoren necesariamente siempre la salud mental, pero sí cuestiona con fuerza la idea de que la mejoren de forma consistente. Eso ya es suficiente para exigir prudencia.
No es raro escuchar quienes abogan por tratamientos médicos de transición para adolescentes bajo la certeza de salvarlos de la depresión y de un suicidio probable. Hoy, a la luz de este estudio, sabemos que otorgar dichas terapias no muestra evidencia de mejorar problemas de salud mental previos y que en un gran porcentaje se presentan aumentos en su severidad según las descripciones.
Si usted es cuidador de un adolescente autista, o si usted mismo es autista, tenga cuidado con lo que le prometen ciertos discursos y personajes. Como Roldán en el entremés “Los habladores”, atribuido a Cervantes, no piensan: repiten, hablan por hablar. Intentan aliviar un malestar real con un problema mayor.
¿Realmente sientes que tu identidad de género no corresponde con tu s**o de nacimiento? ¿O requieres orientación en la conformación de su identidad masculina o femenina autista? ¿Necesitarías de un espacio terapéutico donde aclarar dudas y exponer temores? ¿O precisas acaso de un grupo donde sentirse parte? Hoy, estas preguntas en modo alguno son invalidantes; no son preguntas ideologizadas, son, a la luz de los hechos, necesarias. Y urgentes.
Bibliografía
Arellano-Torres, Ignacio D. “El entremés de Los habladores, atribuido a Cervantes.” Anales Cervantinos 50 (2018): 299–323.
S.-M. Ruuska, K. Tuisku, T. Holttinen, and R. Kaltiala, “Psychiatric Morbidity Among Adolescents and Young Adults Who Contacted Specialised Gender Identity Services in Finland in 1996–2019: A Register Study,” Acta Paediatrica (2026): 1–9.
Reaño, Ernesto. El amor autista: Pasión, afecto, amistad y espiritualidad autistas. Amazon, 2025.
https://ernestoreano.pe/tratamientos-medicos-de-transicion-de-genero-y-riesgo-psiquiatrico-en-adolescentes-lecciones-para-el-autismo/