J & N Consultorio Psicológico

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Un día, cuando estaba en primer año de secundaria, vi a un chico de mi clase que volvía a casa.Su nombre era Kyle.Parecí...
12/11/2025

Un día, cuando estaba en primer año de secundaria, vi a un chico de mi clase que volvía a casa.
Su nombre era Kyle.

Parecía que llevaba todos sus libros.
Pensé: ¿Por qué alguien se llevaría a casa todos sus libros un viernes? Debe de ser un empollón."
Tenía planeado un fin de semana completo - fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado -, así que solo me encogí de hombros y seguí adelante.

Mientras corría, de repente vi a un grupo de chicos corriendo hacia él. Ellos corrieron hacia él, le sacaron todos los libros de sus brazos y lo hicieron caer en el barro. Sus gafas se fueron volando y las vi aterrizar unos metros más adelante en la hierba.

Kyle miró hacia arriba - y vi una terrible tristeza en sus ojos.
Mi corazón me dolió, así que corrí rápidamente hacia él mientras tocaba sus anteojos en el suelo y noté una lágrima en su ojo.
Levanté las gafas, se las di y le dije: "Estos tíos son idiotas, deberían buscar una vida."

Me miró y dijo: ¡Hola, gracias! " - con una gran sonrisa que expresaba verdadera gratitud.
Le ayudé a recoger sus libros y le pregunté dónde vivía, pero resultó que vivía cerca de mí. Así que le pregunté por qué nunca lo había visto, y me dijo que había ido a una escuela privada.
Normalmente nunca habría tenido nada que ver con un niño de escuela privada, pero hablamos todo el camino a casa. Llevé algunos de sus libros y resultó ser un tipo bastante guay.
El fin de semana lo invitamos a jugar al fútbol con nosotros. Pasamos el fin de semana juntos - y cuanto más conocía a Kyle, más me gustaba.

El lunes por la mañana volví a ver a Kyle - otra vez con esa enorme pila de libros.
Le dije: ¡Chico, vas a tener muchos problemas con el tiempo si arrastras tantos libros todos los días! "
Se rió - y me dio la mitad de los libros.

Durante los siguientes cuatro años, Kyle y yo nos hicimos mejores amigos.
Cuando éramos mayores, estábamos pensando en ir a la universidad. Sabíamos que la distancia no nos afectaría.
Él quería ser un médico, yo en los negocios - con una beca de fútbol.

Kyle era el mejor de nuestra clase, siempre lo crié diciendo que era un nerd. Pero él tuvo que dar un discurso para la graduación - y yo estaba muy contento de que no tenía que estar delante.

El día de la graduación, vi a Kyle. Había cambiado durante la escuela secundaria, se había vuelto seguro de sí mismo, incluso se veía bien con gafas. Él tenía más citas que yo - y las chicas lo amaban.

Me di cuenta de que estaba nervioso, así que le di una palmada en la espalda y le dije: ¡Oye, grandullón, va a ser genial! "
Me miró con gratitud, sonrió y dijo: "Gracias."

Entonces comenzó su discurso.
Se aclaró la garganta y dijo:
„La graduación es un momento para agradecer a todos aquellos que te han llevado a través de los años difíciles - los padres, los profesores, los hermanos, tal vez un entrenador ... pero sobre todo a los amigos, quiero contarles una historia."Le miré con incredulidad cuando me habló de nuestro primer encuentro.
Confesó que ese fin de semana planeaba suicidarse.
Había vaciado su casillero para que su madre no tuviera que hacerlo más tarde, y por eso llevaba todas sus cosas a casa.

Entonces me miró, sonrió ligeramente y dijo:
Por suerte me salvé, mi amigo me salvó de lo indecible."

Escuché el jadeo colectivo que pasaba por la multitud cuando este chico guapo y popular habló de su momento más débil. Vi a sus padres - me sonrieron con la misma sonrisa agradecida.

Solo en ese momento comprendí toda la profundidad de ello.

Nunca subestimes el poder de tus acciones.
Con un pequeño gesto puedes cambiar la vida de una persona - para mejor o peor.

Dios nos pone a todos en la vida de los demás para tocarnos unos a otros - de alguna manera.
Busca a Dios en las personas que te rodean

Tomado de las Redes Sociales

Un hombre llegó a su casa después del trabajo y se quedó helado: los tres niños seguían en pijama, jugando en el patio c...
07/11/2025

Un hombre llegó a su casa después del trabajo y se quedó helado: los tres niños seguían en pijama, jugando en el patio con lodo y con tuppers vacíos de comida. Había basura por todos lados, la puerta del coche de su esposa estaba abierta, igual que la puerta principal de la casa.

El perro no aparecía por ningún lado. En la entrada, más desastre: las luces apagadas, cobijas tiradas por el suelo, y un silencio sospechoso interrumpido solo por el escándalo de la televisión en la sala. Los juguetes y la ropa estaban regados por todo el piso, como si hubiera pasado un huracán.

En la cocina, la montaña de trastes sucios daba miedo. En la mesa quedaban los restos del desayuno, el refri abierto de par en par, el alimento del perro esparcido por el suelo, vidrios rotos bajo la mesa y un montoncito de arena junto a la puerta.

Preocupado, el hombre subió las escaleras saltando juguetes y montañas de ropa, pensando lo peor. En el pasillo vio un charco de agua que salía del baño.

Abrió la puerta y casi se desmaya: toallas mojadas, jabón derretido, juguetes por todas partes, metros y metros de papel higiénico desenrollado y hecho bolas, y la pasta de dientes embarrada en el espejo y las paredes.

Entró corriendo a la recámara, y por fin la encontró: su esposa, acostada tranquilamente en la cama, en pijama, leyendo un libro. Lo miró, sonrió y le preguntó con calma:
—¿Cómo te fue en el trabajo, amor?

Él, atónito, apenas pudo tartamudear:
—¿Qué… qué pasó aquí?

Ella volvió a sonreír, con esa paz que solo da la venganza silenciosa, y dijo:
—¿Te acuerdas que todos los días me preguntas: “¿Por qué estás tan cansada, si no haces nada?”?
—Pues sí —respondió él, inseguro.
—Ah, pues hoy no hice nada.

Crédito a su autor! ✍

29/10/2025
Encontrado en la web...Mi abuela fingía Alzheimer para que no me llevaran a un centro. Nunca olvidaré el día que descubr...
23/10/2025

Encontrado en la web...

Mi abuela fingía Alzheimer para que no me llevaran a un centro.

Nunca olvidaré el día que descubrí la verdad. Tenía veintitrés años y seguía viviendo con mi abuela Marta, como había sido desde que nací. Mis padres murieron en un accidente cuando yo era bebé, y ella me crió sola.

—Abuela, ¿dónde pusiste las llaves? —le pregunté esa mañana, buscando por toda la cocina.

—¿Las llaves? Ay, mijo, no sé... ¿qué llaves? —respondió con esa mirada perdida que últimamente se había vuelto frecuente.

—Las del auto, abuela. Las que siempre cuelgas junto a la puerta.

—No sé de qué me hablas, hijo. ¿Tenemos auto?

Me preocupaba. Cada vez olvidaba más cosas. Los nombres de los vecinos, dónde guardaba la comida, a veces hasta mi nombre. La trabajadora social del municipio había venido dos veces ese mes.

—Señora Marta —le había dicho la última vez—, entiendo que quiere cuidar de su nieto, pero en su condición... Matías necesita apoyo especializado. Hay centros residenciales maravillosos donde podría...

—Mi nieto se queda conmigo —interrumpió mi abuela con firmeza—. Yo puedo cuidarlo.

Pero esa tarde, todo cambió.

Llegué temprano del taller protegido donde trabajaba. Entré sin hacer ruido porque quería sorprenderla. La encontré en la sala, hablando por teléfono con voz clara y firme, sin ningún rastro de confusión.

—Sí, doctora Ramírez, entiendo perfectamente. No, no he tenido ningún episodio de desorientación real. Es solo... necesito que piensen que no puedo cuidar de mí misma. —Hizo una pausa—. Porque si creo que estoy deteriorándose, no se llevarán a Matías. Mientras yo parezca la que necesita cuidados, él puede quedarse en casa, conmigo.

Se me cayó la mochila al suelo. El ruido la sobresaltó y se giró, el teléfono aún en la mano. Nuestros ojos se encontraron.

—Matías... —susurró, y por primera vez en meses, vi miedo real en su rostro.

—Abuela... —mis palabras salieron lentas, como siempre—. ¿Estás... fingiendo?

Colgó el teléfono y se dejó caer en el sofá. De repente parecía muy pequeña, muy cansada.

—Ven, siéntate conmigo.

Me senté a su lado. Ella tomó mis manos entre las suyas.

—Hace seis meses —comenzó con voz temblorosa—, vino la asistente social. Me dijo que a tu edad, con tu condición, lo normal sería que vivieras en una residencia para personas con síndrome de Down. Que allí tendrías más socialización, más actividades, más apoyo profesional.

—Pero yo... yo no quiero ir a ningún lado —dije, sintiendo que el corazón me latía rápido—. Yo quiero quedarme contigo.

—Lo sé, mi amor. Y yo quiero que te quedes. Pero me dijeron que lo consideraban casi obligatorio, que una anciana sola no podía ofrecerte lo que necesitabas. —Se le quebró la voz—. Entonces pensé... si ellos creían que yo era la que necesitaba ayuda, que estaba desarrollando Alzheimer, tal vez se concentrarían en eso. Tal vez pensarían que tú estabas aquí cuidándome a mí, y no al revés.

—¿Por eso olvidabas cosas? ¿Por eso te confundías?

Asintió, con lágrimas rodando por sus mejillas arrugadas.

—Empecé a fingir episodios de confusión. A olvidar nombres, a perder cosas a propósito. La doctora Ramírez, mi médica de toda la vida, es la única que sabe la verdad. Ella me ha estado cubriendo, falsificando un poco los informes. —Se limpió las lágrimas—. Matías, lo siento tanto. Te he mentido, pero...

—Hiciste trampa —dije, procesando la información lentamente—. Mentiste para que yo pudiera quedarme.

—Sí. —Su voz era apenas un susurro—. ¿Estás enojado conmigo?

La miré. Vi sus ojos cansados, sus manos temblorosas por la artritis real que sí padecía, las arrugas que se habían profundizado en los últimos años. Vi a la mujer que me había criado sola, que había ido a todas mis terapias, que había peleado con el sistema educativo para que me dieran una oportunidad, que me había enseñado a cocinar, a usar el transporte público, a ser independiente.

—No estoy enojado —dije finalmente—. Estás protegiéndome. Como siempre.

Se abrazó a mí, sollozando.

—No puedo perderte, Matías. Eres todo lo que tengo. Y sé que dicen que en esos centros estarías mejor, pero aquí... aquí eres feliz. Tienes tu trabajo, tus rutinas, tu habitación. Eres independiente, pero tienes tu hogar.

—Y te tengo a ti —agregué, abrazándola fuerte.

Nos quedamos así un largo rato. Luego ella se separó y me miró seria.

—Pero escúchame bien. Esto no puede durar para siempre. Algún día, cuando yo ya no esté o cuando realmente no pueda cuidar de mí misma, tendrás que aceptar otros arreglos. ¿Me lo prometes?

—Te lo prometo, abuela.

—Y mientras tanto —continuó, recuperando algo de su humor habitual—, tendrás que ayudarme a recordar dónde "olvido" las cosas. Esta farsa requiere coordinación.

Me reí, aunque aún tenía un n**o en la garganta.

Esa noche, mientras preparaba la cena (yo cocinaba ahora, una de las muchas cosas que ella me había enseñado), pensé en la trabajadora social, en los centros residenciales, en lo que se suponía que debía ser "normal" para alguien como yo.

—Abuela —dije mientras picaba las verduras—, ¿crees que estoy bien? ¿Que puedo cuidar de mí mismo?

Ella se acercó y puso su mano en mi hombro.

—Matías, eres más capaz de lo que muchos creen. Tienes trabajo, cocinas, te orientas en la ciudad, tienes amigos. Lo único que necesitas es alguien que crea en ti. —Hizo una pausa—. Y tal vez alguien que finja un poco de demencia senil para mantener alejados a los burócratas.

Sonreí. Esa noche comimos juntos, como todas las noches, en nuestra pequeña cocina. Y aunque sabía que algún día las cosas cambiarían, que la vida no nos dejaría quedarnos así para siempre, en ese momento éramos exactamente lo que necesitábamos ser: una familia.

Mi abuela siguió "olvidando" cosas durante dos años más. Yo seguí "cuidando" de ella, lo cual era parcialmente cierto: yo hacía las compras, cocinaba, limpiaba. Pero la verdad era que nos cuidábamos mutuamente, como siempre habíamos hecho.

Cuando ella finalmente murió a los ochenta y siete años, tranquila en su sueño, encontré una carta en su mesa de noche. Decía:

"Matías, mi niño hermoso: Si estás leyendo esto, significa que ya no estoy. No tengas miedo. Has sido independiente durante años, solo que no te habías dado cuenta. Ahora ve y demuéstrale al mundo lo que yo siempre supe: que eres capaz de cualquier cosa. Te amo. Tu abuela que fingió estar loca por amor."

Lloré. Pero también sonreí. Porque entendí que la mentira más grande que me había dicho no era sobre el Alzheimer. Era hacerme creer que yo dependía de ella, cuando en realidad, durante años, habíamos sido un equipo.

Hoy vivo en mi propio apartamento. Trabajo tiempo completo. Tengo mi vida. Y cada vez que alguien me subestima o duda de mis capacidades, recuerdo a mi abuela y todo lo que hizo para darme la oportunidad de demostrarlo.

Ella fingió estar enferma para protegerme. Yo viví mi vida para honrarla.

“Si este relato te hizo sentir algo y no lo compartes, se perderá como tantas historias que nunca llegan a nadie. Con un simple compartir me ayudas a seguir escribiendo y a que mis hijas tengan un plato de comida en la mesa. No lo ignores, porque para nosotras significa mucho más de lo que imaginas.”

Una maestra pidió a sus alumnos que dibujaran a su familia haciendo algo juntos.Uno de los niños entregó su dibujo con o...
02/07/2025

Una maestra pidió a sus alumnos que dibujaran a su familia haciendo algo juntos.

Uno de los niños entregó su dibujo con orgullo... pero la maestra, al verlo, se preocupó tanto que convocó a sus padres a una reunión urgente.

Cuando los papás llegaron a la escuela, ya estaban presentes la directora, la consejera y la maestra. El ambiente era tenso.
La profesora explicó que el dibujo le parecía extraño y que quería entenderlo mejor.

Con todos los ojos puestos sobre ellos, los padres tomaron el dibujo y, tras una breve pausa, dijeron:

“Sí, hicimos buceo en Santo Domingo durante las vacaciones.”
La sala entera se quedó en silencio.
La maestra no lo había entendido al principio, pero ese dibujo era un recuerdo real y feliz para ese niño.

No será una obra de arte, pero para ellos era perfecto.

A veces, nos apresuramos a juzgar sin preguntar.
Y eso puede llevarnos a malentendidos innecesarios.

La verdadera clave para evitar conflictos está en una palabra: comunicación.

Este texto nos recuerda algo esencial cuando hablamos de autismo: lo que para algunos parece extraño, fuera de lugar o incorrecto, muchas veces es simplemente una forma distinta de experimentar y expresar el mundo.

Muchos niños autistas dibujan lo que sienten, no solo lo que ven.
A veces exageran proporciones, repiten patrones, o usan símbolos que tienen sentido solo para ellos.
Y cuando un adulto lo interpreta desde su mirada neurotípica, puede malentender por completo lo que el niño realmente quiso comunicar.

El problema no es el dibujo.
El problema es que esperamos que todos comuniquen igual, que todos miren el mundo desde la misma perspectiva.

Por eso esta historia, es una metáfora perfecta para lo que muchas familias neurodivergentes enfrentan cada día:
tener que explicar, traducir, justificar lo que en casa simplemente es amor, conexión y alegría.

Antes de suponer, mejor preguntar.
Antes de juzgar, mejor escuchar.

Porque en el autismo, como en la vida, la comunicación no siempre se ve como esperamos…
y aún así, puede ser profundamente hermosa y real.
Mi Corazón es Azúl 💙

Ustedes qué harían?Cómo reaccionarían ante ésta situación?Está de acuerdo a la forma de actuar de la mamá o del papá de ...
27/06/2025

Ustedes qué harían?

Cómo reaccionarían ante ésta situación?

Está de acuerdo a la forma de actuar de la mamá o del papá de la menor de 13 años que tuvo un bebé?

Está bien seguir atendiendo a ésta adolescente que no toma ninguna responsabilidad o a la del papá del bebé que sigue con su vida con el apoyo de su familia?

Qué responsabilidades debe tener la mamá adolescente? Cómo deberían de actuar cada uno de los padres de la mamá adolescente así como del papá adolescente?

Cuantas preguntas, cuántas respuestas antagónicas, cuántas dificultades ante una decisión? Por eso la importancia de no dejar de supervisar a los hijos y con mayor ahínco cuando son adolescentes.

Recuerden que no somos los amigos de nuestros hijos, somos sus padres, los que ponemos límites, los que guiamos con criterio, los que decimos cuándo sí y cuándo no, somos los responsables de nuestros hijos; somos los que debemos enseñarles a tomar decisiones y asegurarnos que saben tomar decisiones con buen criterio asumiendo la responsabilidad de las consecuencias de sus decisiones.

Que está situación nos ayude a saber las consecuencias de cómo deberíamos actuar cada día, cada momento, siempre; recuerda que Dios confió en nosotros para cuidar y guiar a nuestros hijos.

Percibir las cosas de manera diferente no te hace extraterrestre ni "raro" te hace diferente, te hace únicoBusquemos más...
12/06/2025

Percibir las cosas de manera diferente no te hace extraterrestre ni "raro" te hace diferente, te hace único

Busquemos más información sobre el para darnos cuenta cuánto nos falta aprender y cuánto nos pueden enseñar también.

Un gran ejemplo de Mamá formando positivamente a sus hijos sobre un compañero autista.Sigamos éste ejemplo y formemos a ...
28/05/2025

Un gran ejemplo de Mamá formando positivamente a sus hijos sobre un compañero autista.

Sigamos éste ejemplo y formemos a nuestros hijos en base a la aceptación de la diversidad.

Una gran lección de vida que debemos TODOS poner en práctica.Bendecido día para todos
20/02/2025

Una gran lección de vida que debemos TODOS poner en práctica.

Bendecido día para todos

En una fiesta organizada en una escuela de niños con capacidades especiales, el padre de un estudiante
pronunció un emotivo discurso que nunca será olvidado por las personas que lo escucharon.

Después de felicitar a la escuela y a todos los que trabajan en ella, este padre hizo el siguiente razonamiento: -"Cuando no hay agentes externos que interfieran con la naturaleza, el orden natural de las cosas alcanza la perfección".

-Pero mi hijo, Herbert, no puede aprender como otros niños lo hacen.

-No puede entender las cosas como otros niños. ¿Dónde está el orden natural de las cosas en mi hijo?

La audiencia quedó impactada por la pregunta.

El padre del niño continuó diciendo: 'Yo creo que cuando un niño como Herbert, física y mentalmente discapacitado, viene al mundo, una oportunidad de ver la naturaleza humana se presenta, y se manifiesta en la forma en la que otras personas tratan a ese niño'.

Entonces contó que un día caminaba con su hijo Herbert cerca de un parque donde algunos niños jugaban baseball. Herbert le preguntó a su padre:
-'¿Papá, tu crees que me dejen jugar?'

Su padre sabía que a la mayoría de los niños no les gustaría que alguien como Herbert jugara en su equipo, pero el padre también entendió que si le permitían jugar a su hijo, le darían un sentido de pertenencia muy necesario y la confianza de ser aceptado por otros a pesar de sus habilidades especiales.

El padre de Herbert se acercó a uno de los niños que estaban jugando y le preguntó (sin esperar mucho) si Herbert podría jugar.

El niño miró alrededor por alguien que lo aconsejara y le dijo: Estamos perdiendo por seis carreras y el juego esta en la octava entrada. Supongo que puede unirse a nuestro equipo y trataremos de ponerlo al bate en la novena entrada'.

Herbert se desplazó con dificultad hasta la banca y con una amplia sonrisa, se puso la camiseta del equipo mientras su padre lo contemplaba con lágrimas en los ojos por la emoción.

Mientras Herbert se sentaba entre el grupo de los que esperaban su posibilidad de jugar, su padre lo contemplaba. Los otros chicos notaron algo muy evidente: la felicidad del padre cuando su hijo era aceptado.

Al final de la octava entrada, el equipo de Herbert logró anotar algunas carreras pero aún estaban detrás en el marcador por tres.

Al inicio de la novena entrada, Herbert se puso un guante y jugó en el jardín derecho.

Aunque ninguna pelota llegó a Herbert, estaba obviamente extasiado solo por estar en el juego y en el campo, sonriendo de oreja a oreja mientras su padre lo animaba desde las graderías.

Al final de la novena entrada, el equipo de Herbert anotó de nuevo. Ahora con dos 'outs' y las bases llenas la carrera para obtener el triunfo era una posibilidad y Herbert era el siguiente en batear.

Con esta oportunidad, ¿dejarían a Herbert batear y renunciar a la posibilidad de ganar el juego? Sorprendentemente, Herbert estaba al bate.

Todos sabían que un solo 'hit' era imposible por que Herbert no sabía ni como agarrar el bate correctamente, mucho menos pegarle a la bola.

Sin embargo, mientras Herbert se paraba sobre la base, el 'pitcher', reconoció que el otro equipo estaba dispuesto a perder para brindarle a Herbert un gran momento en su vida, se movió unos pasos al frente y tiró la bola muy suavemente para que Herbert pudiera al menos hacer contacto con ella.

El primer tiro llegó y Herbert abanicó torpemente y falló.

El 'pitcher' de nuevo se adelantó unos pasos para tirar la bola suavemente hacia el bateador.

Esta vez Herbert abanicó y golpeó la bola tan suavemente que ésta cayó justo enfrente del 'pitcher'.

El juego podría haber terminado. El 'pitcher' podria haber recogido la bola y haberla tirado a primera base.

Herbert hubiera quedado fuera y habría sido el final del juego. Pero, el 'pitcher' tiró la bola muy alto sobre la cabeza del niño en primera base, fuera del alcance del resto de sus compañeros de equipo.

Todos los espectadores en las graderías y los jugadores de ambos equipos empezaron a gritar 'Herbert corre a primera base, corre a primera' nunca en su vida Herbert había corrido esa distancia, pero logró llegar a primera base. Corrió justo sobre la línea, con los ojos muy abiertos y sobresaltado.

Todos gritaban, '¡Corre a segunda, corre a segunda!'. Herbert, recobrando el aliento, corrió con dificultad hacia la segunda base.

Para el momento en que Herbert llegó a segunda base el niño del jardín derecho tenia la bola. Era el niño más
pequeño en el equipo y sabia que tenia la oportunidad de ser el héroe del día. Sólo tendría que tirar la bola a segunda base, pero había entendido las intenciones del 'pitcher' y la tiró demasiado alto, por encima de la cabeza del niño en tercera base.

Herbert corrió a tercera base mientras que los corredores delante de el hicieron un circulo alrededor del 'home'.

Cuando Herbert llegó a tercera, los niños de ambos equipos, y los espectadores, todos, estaban de pie gritando '¡corre a 'home'! corre'.

Herbert corrió al 'home', se paró en la base con sus brazos en alto, rebosando felicidad, giró la cabeza mirando a su padre... mientras (cosa extraña) los jugadores de ambos equipos lo vitoreaban y abrazaban como el héroe que bateó el 'grand slam' y ganó el juego para su equipo. 'Ese día', dijo el padre con lágrimas bajando por su rostro, 'los niños de ambos equipos se confabularon dándole a este mundo una muestra de verdadero amor y humanismo'.

Herbert no sobrevivió otro verano. Murió ese invierno, sin olvidar nunca haber sido el héroe y haber hecho a su padre muy feliz, haber llegado a casa y ver a su madre llorando de felicidad y ¡abrazando a su héroe del día!

*UNA PEQUEÑA NOTA PARA ESTE MENSAJE:*

Todos nosotros mandamos cientos de bromas por correo electrónico sin pensarlo dos veces, pero cuando nos llega un mensaje sobre las lecciones maravillosas que nos da la vida, la gente duda.

Lo crudo, vulgar y a veces obsceno circula libremente por el ciberespacio, pero las discusiones públicas sobre decencia no son estimuladas y son comúnmente suprimidas.

Si estas pensando en reenviar este mensaje, talvez estés pensando en las personas en tu libreta de contactos que no son las 'apropiadas' para este tipo de mensajes. Bueno, la persona que te envíó esto piensa que todos juntos podemos hacer la diferencia y por lo tanto todos son elegibles para recibirlo. Nosotros tenemos miles de oportunidades cada día para ayudar a que se realice 'el orden natural de las cosas', ésta es solo una de ellas. Un sabio dijo una vez que: 'Toda sociedad será juzgada por como trata a los menos afortunados...
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