18/05/2020
Eres padre, acabas de salir de la consulta, y te han dicho que tu hijo necesita lentes. Aún no lo asimilas, estás extrañado, ¡cómo no lo habías notado antes!. Y te surgen las siguientes dudas:
¡Mi hijo no se queja de nada! No todos los defectos refractivos deben notarse. Los niños cuando nacen ven, pero no entienden lo que ven, ellos no saben lo que es ver bien.
En el caso de que sea miope: le costará ver las matrículas, la pizarra, los letreros, la TV, tenderá a entrecerrar los ojos.
Si es hipermétrope: le costará hacer tareas de cerca, leer, escribir, unir puntos, tendrá los ojos rojos y acuosos.
Si tiene astigmatismo: picor ocular, parpadeo frecuente, mala visión…
ojo vago: torpeza, mal cálculo de distancias, malo en los deportes…
estrabismo: la mayoría de las veces es evidente
Defectos refractivos combinados de baja cuantía pasan
desapercibidos sin sintomatología.
La agudeza visual que debe tener un niño no es la misma que la que debe tener un adulto, por eso el profesional hará pruebas específicas y finalmente valorará si es necesario prescribir o no. Tenemos que partir de las siguientes premisas:
Los niños nacen hipermétropes. Tener hipermetropía hasta los 8 años es totalmente normal y fisiológico. Obviamente depende de la magnitud. Hoy en día, incluso tener hipermetropías fisiológicas a la edad de 8-9 años suele causar sintomatología, porque hoy en día hay
más: tareas, móviles, lectura, videojuegos, tablets… Hay que valorar cada caso de forma individual.
Padres miopes, niños miopes. La genética nos persigue.
A los niños les varía la graduación muy rápido. Las revisiones deben ser frecuentes. Cada 6 meses.