03/05/2026
La evidencia acumulada –como estudios de lesiones y resonancias cerebrales– muestran que el área prefrontal está asociada al control de impulsos y toma de decisiones. Los estudios en personas criminales –revisar los estudios clásicos de Adrian Raine en la década de 1990–, encontraron, en promedio, una menor actividad en la corteza prefrontal, así como alteraciones con estructuras y circuitos relacionados con la amígdala, región vinculada con el procesamiento emocional, lo que podría explicar la falta de empatía y regulación conductual. El contexto social y ambiental a favor de las conductas delictivas también son factores igual de relevantes, por eso la ciencia, en general, no habla de determinismo, sino de predisposición probabilística o influencia. La neurocriminología es la disciplina que estudia esos comportamientos y su relación con la biología y el medio ambiente. Además, lo que suele entenderse como personas “normales”, "correctas" y/o “morales” no están libres de desarrollar conductas antisociales o criminales —como robo, violencia, engaño o transgresión de normas en general—, ya que estas conductas responden a múltiples factores psicológicos, sociales y biológicos, y no a etiquetas simples.