29/03/2026
Sientes que el amor, en lugar de darte paz, te mantiene en un estado de alerta. Esa sensación de que tienes que “ganarte” el afecto; Y si dejas de hacer cosas por tu pareja, el amor se va a terminar.
Yo también estuve ahí. Hubo un tiempo en el que yo no amaba: yo necesitaba. Hay una diferencia enorme que solo entenderás cuando empieces a mirar tus propias heridas.
Si el amor depende de recibir un mensaje que te da la vida y un silencio te hunde en el vacío, no estás amando desde la plenitud, estás amando desde tu herida de abandono. Estás buscando en el otro la seguridad que no te dieron de niña.
Tu sacrificio es enorme. Sientes que tienes que ser “la mujer perfecta”, la que resuelve todo, la que nunca se queja; estás amando desde tu herida de rechazo. Estás comprando amor con esfuerzo, porque en el fondo crees que tú sola no eres suficiente.
Sientes la necesidad de control. Si intentas cambiarlo, salvarlo o vigilar cada uno de sus pasos, estás amando desde tu herida de traición. No confías en el amor, confías en tu capacidad de evitar que te lastimen de nuevo.
Amar desde la herida es como intentar llenar un vaso con grietas: nunca será suficiente y siempre terminarás agotada.
La solución no es cambiar de pareja, es abrazar a esa niña que todavía tiene miedo. Cuando tú empiezas a darte lo que tanto le exiges al otro, el amor deja de ser una lucha por sobrevivir y se convierte en un espacio para compartir.
Yo aprendí a darme un espacio para mí misma, verme a conciencia y sanar mis propias heridas. Hoy acompaño a muchas mujeres a hacer lo mismo. Porque el amor de verdad no duele, el amor de verdad te libera. Comienza por el amor en tí misma.
Ahora ya lo sabes... ¿Lista para brillar? Sé que sí.