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Servicios Medicos Dr. Antonio Declet Corp SERVICIOS MÉDICOS DR. ANTONIO DECLET CORP. Medicina Primaria tratamiento y prevención de enfermedades/20 Rius Rivera, Adjuntas, Puerto Rico

Jossy Ballester Colón​(Q.E.P.D.)​La Familia Declet Larrinaga participa con profundo dolor el fallecimiento de quien fuer...
13/04/2026

Jossy Ballester Colón
​(Q.E.P.D.)
​La Familia Declet Larrinaga participa con profundo dolor el fallecimiento de quien fuera más que un vecino: un hermano de la vida y un pilar fundamental en nuestra crianza.
​Jossy, contemporáneo y entrañable amigo de nuestro padre, fue para nosotros una figura de sabiduría y bondad presente desde nuestra niñez. Su intelecto y su amor por nuestra tierra adjunteña dejan una huella imborrable en nuestros corazones.
​Extendemos nuestro abrazo más solidario a su esposa Edna, a sus hijas Ednita e Ileana, a su hijo Jose, y a toda la familia Ballester Panelli. Honramos su memoria y agradecemos el regalo de haber crecido bajo su ejemplo y su amistad.
​"Hay amigos que son más unidos que un hermano."
* Proverbios 18:24
​Descansa en paz, querido Jossy.

ADJUNTAS, PUERTO RICO; El Dr. Antonio Declet Manzanet NO TUVO UN RETIRO DIGNO, el chisme que NO es chisme: Clínica del D...
01/04/2026

ADJUNTAS, PUERTO RICO; El Dr. Antonio Declet Manzanet NO TUVO UN RETIRO DIGNO, el chisme que NO es chisme: Clínica del Dr. Antonio Declet Manzanet no fue una estructura improvisada, ni una facilidad disponible para el oportunismo ajeno, ni una obra circunstancial que cualquiera pudiera reclamar por cercanía, conveniencia o simple acceso físico. Fue el resultado de más de cincuenta años de trabajo incansable, de inteligencia, de disciplina, de sacrificio personal y familiar, y de una vocación médica ejercida con seriedad, orden, visión y entrega absoluta. Lo que allí se construyó no nació del azar ni de la conveniencia de terceros. Fue levantado, sostenido y fortalecido por un hombre que dedicó su vida entera a servir a su pueblo, a organizar con rigor su práctica y a edificar una institución médica respetada, funcional y profundamente arraigada en su comunidad.
El Dr. Antonio Declet Manzanet no solo fue un médico de vocación y servicio; fue también un hombre de principios, de preparación excepcional y de visión estructural. Antes de ingresar a la escuela de medicina, ya había culminado una maestría en economía, reflejo de una mente rigurosa, disciplinada, analítica y profundamente capacitada para comprender el valor del orden, de la administración responsable y de la planificación seria. Esa formación previa no fue un dato incidental: ayudó a moldear la manera en que organizó su vida profesional, su práctica médica y las estructuras que levantó a lo largo de décadas. A ello se sumó una formación moral firme, una convicción cristiana profunda y un respeto absoluto por la ley, por el orden y por las instituciones.
Sirvió durante cuatro años en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, experiencia que marcó para siempre su carácter, su sentido del deber, su disciplina y su manera de conducirse tanto en la vida pública como en la privada. Fue un hombre que creyó en la democracia, en la dignidad del servicio, en la autoridad de las instituciones, en el respeto al prójimo y en la responsabilidad moral que acompaña toda posición de liderazgo. Jamás levantó su obra desde el desorden, el capricho o la conveniencia personal. La levantó desde la fe, desde el trabajo, desde el sacrificio, desde el honor y desde un compromiso genuino con su comunidad y con los valores que sostienen una sociedad decente.
Además de su preparación, de su disciplina y de su estatura profesional, el Dr. Antonio Declet Manzanet tenía un amor profundo y genuino por el pueblo que lo vio crecer como hombre y como médico. Quien lo conoció de verdad sabe que no fue un médico distante, encerrado en una oficina ni separado de su gente. Caminó las esquinas de su pueblo, recorrió sus barrios, dio la cara siempre y nunca se escondió de nadie. Fue un hombre de enfrentar las circunstancias de frente, de mirar a la gente a los ojos, de saludar, de escuchar, de compartir y de mantenerse cercano a la vida real de su comunidad. Era parte natural de su rutina detenerse un rato en la esquina de la plaza, conversar por las mañanas sobre los acontecimientos del pueblo y mantenerse unido al pulso humano de la gente entre la cual vivió y sirvió durante décadas.
Si bien nadie es perfecto, en él existía una preocupación auténtica por el destino de su pueblo y un afecto profundo por su gente. Hasta el día de hoy, aun dentro de su enfermedad, conserva un agradecimiento sincero y conmovedor hacia las personas que durante tantos años le permitieron ser su médico. En una ocasión lo expresó con una verdad que lo definía por completo: “Yo soy médico por mis pacientes; si no, de nada valdría.” Esa frase resume con claridad el centro moral de su vocación. Para él, la medicina no era un privilegio vacío ni una posición de prestigio aislada del sufrimiento humano; era un compromiso vivo con quienes confiaban en sus manos, en su palabra y en su presencia.
Ese mismo espíritu se reflejaba en otra expresión suya, igualmente reveladora: “Yo he vivido y he hecho más de mi carrera de los que tienen menos que de los que tienen más. Por eso, a la gente de la estrata más sencilla no les puedo negar un servicio.” Ahí se revela, una vez más, la fibra verdadera del Dr. Antonio Declet Manzanet: la de un médico que entendía que su deber no terminaba donde comenzaban las limitaciones económicas del paciente. Su vocación estaba unida a la dignidad de servir, especialmente a quienes menos tenían. Esa sensibilidad humana, esa gratitud hacia su pueblo y esa negativa moral a darle la espalda al más necesitado forman parte inseparables de su legado y explican por qué su nombre permanece vivo en la memoria agradecida de tanta gente.
Por eso, la diferencia entre el Dr. Antonio Declet Manzanet y quienes más adelante pretendieron ocupar o controlar espacios construidos por él no es solo una diferencia profesional, administrativa o circunstancial. Es, sobre todo, una diferencia de principios. Cuando la mente de una persona está gobernada por el respeto a Dios, por la disciplina moral, por la reverencia a la ley, por el amor al orden y por un sentido claro del deber, esa persona construye, protege y sirve. En cambio, cuando esos principios faltan, la conducta cambia: lo ajeno se ve como oportunidad, la vulnerabilidad del otro se interpreta como ocasión y el vacío que deja una enfermedad se convierte en espacio para adelantar intereses propios. Ahí está la diferencia esencial entre quien edifica con honor durante toda una vida y quien solo sabe aprovecharse de lo que ya estaba hecho.
La realidad histórica y estructural de esta obra debe entenderse con precisión. El Dr. Antonio Declet Manzanet poseía su clínica privada, una práctica médica propia, con identidad, estructura, prestigio y valor independientes, construida y desarrollada directamente por él a través de décadas de trabajo. Paralelamente, también presidía una corporación profesional concebida para agrupar a varios médicos y canalizar funciones relacionadas con la prestación de ciertos servicios. Esa corporación existía como entidad distinta, aunque vinculada al liderazgo y la visión del doctor. La administración de esa corporación operaba desde un espacio arrendado en la planta baja del edificio, mientras que la clínica del Dr. Antonio Declet Manzanet operaba en la planta alta. Esa distinción no es secundaria ni ornamental; es fundamental. Una cosa era la clínica privada del doctor, fruto directo de su esfuerzo de medio siglo; otra, la corporación profesional que utilizaba un espacio arrendado en la parte inferior. Confundir ambas cosas, o utilizar una para absorber indebidamente la otra, constituye una deformación grave e inaceptable de la verdad.
Durante décadas, todo ese andamiaje funcionó bajo la inteligencia, el liderazgo, el orden y la autoridad moral del Dr. Antonio Declet Manzanet. Él era la mente rectora de la obra. Él había levantado la estructura. Él había sostenido el prestigio. Él había dado forma al sistema. Y precisamente por eso, cuando su salud se deteriora y se ve obligado a apartarse, queda un vacío que nunca debió convertirse en terreno para el aprovechamiento. Lo que debió inspirar respeto, prudencia, conservación y protección del legado construido terminó siendo interpretado por otros como ocasión para intervenir, alterar y beneficiarse de una obra que no les pertenecía en esencia, en origen ni en sacrificio.
Por ello, lo ocurrido tras el deterioro de salud del Dr. Antonio Declet Manzanet no puede describirse como una simple transición administrativa ni como una reorganización legítima. Tampoco puede llamarse retiro digno a lo que en realidad fue una etapa de vulnerabilidad aprovechada por terceros, aunque así lo sostengan las voces de lo ajeno para encubrir lo que verdaderamente ocurrió. Un retiro digno supone respeto, orden, reconocimiento, protección del legado y manejo honorable de lo construido. Aquí ocurrió precisamente lo contrario. Cuando la figura que por más de cincuenta años sostuvo la obra tuvo que retirarse por enfermedad, hubo quienes, lejos de actuar con decencia, prudencia o lealtad, decidieron montarse sobre una estructura ya levantada y utilizarla para su propio beneficio.
No construyeron esa clínica. No levantaron esa estructura. No la sostuvieron con su esfuerzo. No cargaron con sus sacrificios. No dieron forma al prestigio acumulado durante medio siglo. No pasaron años edificando relaciones humanas, médicas, administrativas y patrimoniales dentro de esa obra. Simplemente encontraron una estructura hecha, una plataforma desarrollada, un espacio funcional y un nombre con peso, y aprovecharon la coyuntura de enfermedad, fragilidad y ausencia de supervisión directa para actuar en beneficio propio. Ese hecho, por sí solo, marca una frontera moral y humana imposible de ignorar.
Con el deterioro de salud del doctor, comenzaron actuaciones ajenas al diseño, al orden y a la integridad con que él había sostenido toda esa estructura durante décadas. Se alteraron elementos que por años habían permanecido estables. Se hicieron movimientos y enmiendas sin el conocimiento, la participación ni el consentimiento de todas las personas con interés legítimo en la preservación de la clínica, de la estructura profesional y del patrimonio levantado por el Dr. Antonio Declet Manzanet. Lo que debió haberse mantenido en suspenso mientras se aclaraban los derechos, las titularidades, las responsabilidades y el destino de cada parte fue intervenido con un espíritu muy distinto: no el de preservar (fiducia) lo ajeno con respeto, sino el de aprovechar la confusión para ir tomando control. La "incuria" la injusticia de no poder defenderte, pues estás enfermo.
Aun cuando familiares del doctor hicieron acercamientos para pedir que se dejara todo quieto y que, en un futuro, pudiera dilucidarse correctamente qué pertenecía a quién, esa prudencia no fue respetada. En vez de detenerse y permitir que los asuntos se aclararan conforme a la verdad, se actuó de manera unilateral. Se hicieron enmiendas (2 enmiendas corporativas ilegales). Se asumieron posiciones. Se ejecutaron actos que alteraron una estructura que durante décadas había permanecido bajo la dirección del Dr. Antonio Declet Manzanet. Ese proceder no reflejó lealtad a la historia de la institución ni respeto al hombre que la había construido. Reflejó otra cosa: voluntad de adelantarse, de ocupar, de controlar y de beneficiarse.
El cuadro se vuelve todavía más revelador al recordar que fue precisamente bajo esa administración ajena al rigor, a la visión, a la supervisión, a la disciplina y a la autoridad moral que siempre distinguieron al Dr. Antonio Declet Manzanet, sabemos que el Dr. Declet no era dueño de la "coca cola" pero trabajo para merecer respeto. Se produjo una investigación federal. Esa realidad, por sí sola, establece una diferencia histórica y ética contundente. Una cosa fue la obra construida por el doctor durante más de cincuenta años, con orden, trabajo, estructura y prestigio; otra muy distinta fue el deterioro administrativo, moral y operacional que sobreviene cuando personas sin su temple, sin su visión y sin su respeto por la ley pretenden ocupar un lugar que nunca les perteneció. Por tal razón si algo no te pertenece, pero te toca liderazgo, hay un deber de FIDUCIA, de cuidar lo ajeno cuando estas en tus manos, debes procurar cuidar, no solo lo tuyo, sino lo ajeno también. Respetando los derechos de terceros.
El aprovechamiento no fue solamente abstracto ni meramente simbólico. Sus consecuencias alcanzaron lo físico, lo operacional, lo administrativo y lo patrimonial. Se afectó la posibilidad de preservar adecuadamente la clínica. Se debilitó una práctica que pudo haberse mantenido, transferido, alquilado o incluso negociado con dignidad y orden a otros médicos. Se diluyó un valor construido con medio siglo de esfuerzo. Se deterioró una obra que tenía no solo importancia económica, sino también valor humano, histórico y comunitario. En otras palabras: no solo se intentó tomar control de una estructura ajena; se comprometió el futuro de un legado que pudo haberse protegido y honrado de una manera muy distinta.
Por eso, aquí no se trató de continuidad. Se trató de aprovechamiento. No se trató de mérito. Se trató de beneficiarse del esfuerzo ajeno. No se trató de una sucesión honorable ni de una reorganización respetuosa. Se trató de ocupar espacios construidos por otro en el momento de mayor fragilidad de su fundador. Y cuando se actúa de esa manera, no solo se altera una estructura corporativa o una propiedad física. Se hiere la memoria del trabajo honrado. Se menosprecia el sacrificio de una familia entera. Se desfigura la verdad histórica. Y se intenta reescribir, por conveniencia, el origen real de una institución médica que tenía nombre, fundamento, orden, prestigio y dirección mucho antes de que otros aparecieran a intentar lucrarse de su existencia.
La clínica del Dr. Antonio Declet Manzanet no puede ser narrada desde la comodidad de quienes llegaron después. No puede ser interpretada por voces de lo ajeno como si lo ocurrido hubiese sido un simple relevo natural, una salida tranquila o un retiro ejemplarmente administrado. No lo fue. Tampoco puede presentarse como si el deterioro posterior hubiese sido continuación legítima de la obra original. No lo fue, no lo es. La verdad exige nombrar las cosas con precisión moral e histórica: hubo una obra auténtica, levantada por décadas con disciplina, servicio y visión; y luego hubo un tiempo de vulnerabilidad en el que terceros decidieron aprovecharse de esa ausencia para adelantar intereses que jamás estuvieron a la altura del legado que recibieron.
Afirmar hoy esta verdad no es un gesto de nostalgia ni un ejercicio de retórica. Es un deber moral. Es una obligación con la historia de un buen hombre. Es un acto de justicia hacia un médico que dedicó su vida al servicio de su comunidad, que respetó la ley, que honró su fe, que creyó en las instituciones, que sirvió a su país en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos y que, antes de ejercer la medicina, ya había dado prueba de su capacidad intelectual y estructural al culminar una maestría en economía. Todo eso formó parte del hombre que construyó esta obra. Todo eso explica por qué su legado no puede reducirse a un edificio, a una corporación o a una práctica: era una manera de servir, de dirigir, de organizar y de vivir con dignidad.
Defender la memoria del Dr. Antonio Declet Manzanet es defender también la verdad de cómo se construyó esta clínica y de cómo luego fue afectada. Es dejar constancia de que lo valioso que allí existió tuvo un autor real, un esfuerzo real, una visión real y un fundamento moral real. Es recordar que la autoridad verdadera no nace del oportunismo ni del acceso circunstancial, sino del trabajo, del sacrificio, de la preparación, del carácter y de la rectitud. Y es también dejar claro que ninguna maniobra oportunista, ninguna alteración interesada, ninguna reinterpretación conveniente y ningún intento de beneficiarse de una enfermedad ajena podrá borrar el hecho esencial de que esta clínica fue, es y seguirá siendo parte del legado auténtico del Dr. Antonio Declet Manzanet. BTW el Dr. Declet tiene 86 años y aun vive, conversa, baila, canta , sonríe y mucho más. Un abrazo a todos, Antonio Declet Larrinaga (hijo).

Por que es importante la FE: La subasta del diablo​Dicen que una vez el diablo decidió cerrar su negocio y puso todas su...
27/03/2026

Por que es importante la FE: La subasta del diablo
​Dicen que una vez el diablo decidió cerrar su negocio y puso todas sus herramientas a la venta. Hubo una gran subasta y la gente compró de todo rápidamente: celos, odio, envidia... se agotaron en un instante.
​Al final, alguien notó que guardaba una pequeña bolsa que no estaba en oferta y le preguntó por qué. Él respondió: "Estas no las vendo, las guardo de recuerdo porque son mis mejores herramientas; las que realmente destruyen la vida. Son el abatimiento, la frustración y la depresión".
​Cuando estas herramientas toman el control, las posibilidades se acaban. Sin embargo, no importa si das un mal paso aquí o allá; mientras estés comprometido a hacer de tu vida algo pleno, ella siempre encontrará su camino.
​Nada sucede exactamente como queremos, pero lo fundamental es hacer que nuestro paso por aquí sea algo hermoso. Nadie fracasa en esta vida. Se puede fracasar en la escuela o en un proyecto, pero en la vida todos aprobamos y pasamos al final.
​Si perdemos el miedo al fracaso, no hay espacio para la ansiedad ni el abatimiento. Lo que realmente cuenta es la gracia con la que caminamos nuestro trayecto. Hagamos que sea valioso mientras estemos aquí. Dijo el sabio...Dios primero.

La vida no se trata de esperar el final.No se trata de pensar si ya están viejos o cuánto tiempo queda.La vida se trata ...
23/03/2026

La vida no se trata de esperar el final.No se trata de pensar si ya están viejos o cuánto tiempo queda.

La vida se trata de hoy.

De lo que pueden vivir ahora.De lo felices que pueden ser cada vez que salen al patio,cada vez que sienten el aire,cada vez que dan una vuelta.

No es vivir pensando en si se van mañana.Es vivir sabiendo que hoy están aquí.

Y eso… es lo que realmente importa.

Carlos M. Declet Larrinaga

20/03/2026

Hoy llevamos a mami al neurólogo para evaluar qué está pasando. Aprovechamos también para sacarla un rato, darle una vueltita y llevarla a comer, para que salga de esa rutina tan fuerte de estar acostada.
Con Dios por delante, tenemos fe en que poco a poco logre ponerse de pie nuevamente.
Aquí seguimos, trabajando duro.

19/03/2026

Cuando mi padre se va por su operacion de Carotidas y deja el cuidado del lugar en manos equivocadas, ahí fue donde comenzó el deterioro: un ambiente de hostilidad, chismes y falta de respeto. Lo que antes era un espacio de servicio, humanidad y compromiso, se transformó en algo frío, casi irreconocible.
Ese lugar hoy no tiene la esencia de lo que fue bajo la dinámica del Dr. Declet: su carisma, su entrega y su manera de tratar a cada paciente como una prioridad. Lo que existe ahora es una administración sin empatía, sin carácter y sin vocación de servicio. Una gestión que simplemente se montó en una estructura ya construida, sin aportar el valor humano que la sostenía.
Quiero que quede claro algo: no estás tratando con personas ingenuas. Estás tratando con la familia que construyó esto desde cero, con la formación, el conocimiento y el carácter que eso implica.
Aquí hay historia, hay base, y hay capacidad. Y si hay que defender lo que se construyó, se va a hacer con determinación.
Porque al final, un título por sí solo no define a nadie. Lo que realmente vale es la capacidad, el criterio y la integridad con la que se ejerce.

18/03/2026

Mi forma de pensar.
Mira, algo bien importante que yo aprendí en la práctica es que cada paciente hay que evaluarlo individualmente, siempre. No porque tú viniste hace tres meses con una condición, significa que hoy estás igual.
El cuerpo cambia constantemente. La presión cambia, el estado de hidratación cambia, el peso cambia, el estrés cambia… y todo eso afecta cómo respondes a los medicamentos.
Por eso yo no creo en dar medicamentos de manera automática o repetir recetas sin evaluar. Porque, por ejemplo, si una persona tenía la presión alta y se le dio tratamiento, pero luego regresa con la presión baja y sigue tomando lo mismo, entonces en vez de ayudarla, se le puede poner en riesgo. Puede volverse hipotensa, marearse, caerse o tener otras complicaciones.
Eso pasa mucho, especialmente en pacientes mayores, donde empiezan a acumular medicamentos. Y a veces no es que el paciente esté peor por la enfermedad… es que el mismo tratamiento, si no se ajusta, termina causando problemas.
Por eso es importante evaluar al paciente correctamente cada vez, ver cómo está en ese momento, qué ha cambiado y cómo está respondiendo al tratamiento. En base a eso se decide si se continúa, se ajusta o incluso se elimina algún medicamento.
La medicina no debe ser automática. Debe ser consciente. No es tratar condiciones, es tratar personas.
Y al final del día, el enfoque debe ser siempre el bienestar real del paciente, no simplemente seguir una rutina o un protocolo sin pensar.
Carlos M Declet Larrinaga

13/03/2026

Carta abierta
Buenas tardes.
Escribo esta carta de manera abierta porque estoy cansado de la situación que estoy viviendo y porque siento que muchas personas no conocen realmente lo que ha ocurrido, o no han leído con detenimiento lo que he expresado anteriormente en esta página.
He tratado de manejar todo esto con respeto, humildad y prudencia, pero llega un momento en que el peso de la realidad cansa. No es fácil cuidar a tus padres, verlos vulnerables, enfrentar problemas que nunca debieron recaer sobre ellos, y al mismo tiempo cargar con injusticias provocadas por actuaciones de otras personas.
Recientemente alguien me dijo que mi papá “se retiró”. Y quiero dejar esto claro: mi papá no se retiró. Esa no es la verdad que nosotros conocemos ni la que surge de los hechos que hemos vivido. Lo que ocurrió, según nuestra posición y la evidencia que hemos recopilado, fue una transición irregular e injusta que terminó despojándolo de su negocio, de su legado y de años de sacrificio.
Mi padre dedicó su vida a servir a su gente. Fue un hombre que, con sus virtudes y defectos como cualquier ser humano, trató a sus pacientes con amor, respeto y dignidad. Ese era su norte. Ese era su protocolo: atender con humanidad, no hacer sentir menos a nadie, no dejar a las personas esperando horas por un referido o por una decisión que podía tomarse con sentido común y compasión.
Por eso duele tanto ver en lo que se ha convertido todo. Duele escuchar historias de personas que esperan tres o cuatro horas, que no reciben el trato digno que merecen, o que son juzgadas por su condición económica, sus problemas personales o sus luchas de vida. Eso no representa la manera en que mi padre ejercía la medicina.
También duele ver cómo, desde hace años, se venían arrastrando situaciones que advertimos, discutimos y denunciamos. Muchas cosas se atrasaron, se engavetaron y se bloquearon cuando todavía había tiempo para hacer las cosas correctamente. Hoy estamos viviendo las consecuencias de todo eso.
Sí, me frustra. Sí, me duele. Sí, me indigno. Porque mientras muchos opinan desde afuera, yo estoy aquí, dando la cara, cuidando a mis padres, viendo de cerca su sufrimiento y cargando una lucha que no me buscaron, pero que me tocó asumir por amor, por deber y por lealtad.
Y quiero decirlo con firmeza: yo no me voy a quedar de brazos cruzados. Voy a defender a mi padre y a mi madre hasta el final, me cueste lo que me cueste. No por capricho, no por orgullo, sino porque creo en la justicia, en la verdad y en la obligación moral que tengo con ellos después de todo lo que dieron por su familia y por su pueblo.
A quien le guste, bien. Y a quien no, también. Pero mi silencio no puede estar por encima de mi lealtad hacia mis padres.
Carlos M. Declet Larrinaga

Reflexión sobre la vejez y la soledadAyer, mientras miraba una foto que le tomé al viejo, lo vi observando hacia el hori...
09/03/2026

Reflexión sobre la vejez y la soledad
Ayer, mientras miraba una foto que le tomé al viejo, lo vi observando hacia el horizonte, hacia las montañas. Su mirada parecía perdida en la distancia, como si estuviera pensando en algo que solo él podía ver. En ese momento mi mente se fue al futuro, y me pregunté cómo será llegar a esa edad.
Con los años, muchas cosas cambian. La vida que una vez estuvo llena de gente, de ruido, de visitas y de movimiento, poco a poco puede volverse silenciosa. Se van amigos, se van hermanos, se van conocidos, y a veces hasta los hijos toman sus propios caminos. La casa que antes estaba llena puede volverse grande y vacía. Y en muchas ocasiones, si alguien no se apiada de la situación o no decide acompañarte en ese tramo de la vida, uno puede terminar caminando esa etapa prácticamente solo.
Hoy me toca ver esto de cerca. Lo veo todos los días. Y aunque quizás él no se dé cuenta de todo lo que ocurre a su alrededor, esa realidad está ahí. Eso me ha hecho pensar mucho.
A mis 47 años me he dado cuenta de algo que antes tal vez no veía con tanta claridad: no todo el que dice ser amigo lo es realmente. A veces las personas desaparecen cuando las cosas se ponen difíciles, y otras veces incluso pueden aprovecharse de ti si tienen la oportunidad. Como dice el dicho en Puerto Rico, si te pueden pasar por la piedra, lo hacen y te dejan sin nada.
Por eso he aprendido algo importante: uno tiene que aprender a valorarse a sí mismo. Hay que cuidarse física y mentalmente, porque si algún día llegamos a esa tercera edad, lo mejor que podemos hacer es llegar con la mayor salud y fortaleza posible.
También he aprendido que mucha gente vive pensando solo en el dinero, en vivir bien, en comer bien o en ponerse en los zapatos del que está mejor para quitarle lo que tiene. Pero al final, cuando pasan los años y la vida cambia, muchas de esas cosas pierden su importancia.
Porque la verdad es que, si nadie se apiada de nosotros o decide acompañarnos, al final podríamos quedar más solos de lo que imaginamos.
Esta no es una queja, sino una reflexión. Una de esas que nacen cuando uno se detiene un momento a mirar la vida desde otro ángulo. Ayer, viendo a ese hombre mirar el horizonte, sentí que de alguna forma también estaba viendo mi propio futuro, pensando en todo lo que puede venir.
Y aun así, seguimos hacia adelante.
Porque la vida es eso: seguir caminando, aun cuando no sepamos exactamente qué nos espera más adelante en el camino.

03/03/2026

Dando la gran vuelta, ahora se establecen rutinas para prenden cerebros, terapias fisicas, lo mejor es tener la salud siempre de la mejor manera y entender, que nuestras personas mayores deben salir de los encierros, esa gente que no permite visitas, tener animales cerca, vegetacion, vida, viandas con bacalao, asopao, la dieta perfecta, para ser feliz. La mayoria de nuestra gente muere, al no ser atendidos con amor y de la forma correcta. Necesitamos medicos como Toni, que siempre den la milla extra por el paciente, yo al ser su hijo aprendi sus mañas, las cosas buenas y por supuesto ser empatico con los pacientes, se convierten en familia, asi podemos lograr una mejor calidad de vida. El no tomar tiempo en tu paciente es absurdo, debes saber sus presiones, Oximetria, pulsos siempre, se debe evaluar, eso de reffill es cosa de locos, no todo el tiempo la presion esta alta, si das el medicamento pones la persona hipotensa, orientar tambien al familiar, no nos cuesta nada. Ese debe ser el trebajo de nosotros los medicos. CMDL

Mensaje de hoy: Mientras unos madrugan, hay otros que se amanecen... quien madruga a quien? 😎 Toni Declet
03/03/2026

Mensaje de hoy: Mientras unos madrugan, hay otros que se amanecen... quien madruga a quien? 😎 Toni Declet

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