06/04/2026
La conexión entre el cerebro y el intestino es tan poderosa que muchos especialistas llaman al sistema digestivo el “segundo cerebro”. En niños con trastorno del espectro autista (TEA), esta conexión es particularmente relevante.
Estudios muestran que los niños con autismo tienen hasta 9 veces más probabilidades de sufrir problemas gastrointestinales crónicos, especialmente estreñimiento y dolor abdominal. La selectividad alimentaria, tan común en esta población, no es capricho: responde a hipersensibilidades sensoriales que hacen que ciertas texturas, colores u olores sean literalmente insoportables. Esto puede llevar a dietas muy restrictivas, deficiencias nutricionales y malestar digestivo constante.
Identificar si hay una condición médica subyacente (como reflujo, esofagitis o estreñimiento funcional) es el primer paso. El abordaje debe ser multidisciplinario: gastroenterología pediátrica, terapia ocupacional para integración sensorial y nutrición especializada trabajando juntos. La meta es que el niño pueda alimentarse sin dolor ni ansiedad.
¿Tu hijo con autismo tiene dificultades digestivas? Podemos ayudarte con una evaluación integral.