09/04/2026
No no estaba llorando por un sprite.
En días recientes se volvió viral un video en TikTok: una mamá aparece llorando, cargando a su bebé, mientras cuenta que su pareja salió “un momento” a cortarse el cabello, el tardó mucho más de lo esperado, ella le llama y él le dice que “aprovechó para pasar con unos amigos”, vuelve a tardarse, le llama y él le vuelve a dar largas, ella le dice que lo está esperando para comer y le pide que traiga un Sprite para comer su hamburguesa, el no regresó en horas. Ella se quedó sola, con el bebé, cansada, rebasada… y esperando su Sprite… llora.
Y sí, parecía una reacción desproporcionada por algo tan pequeño, pero no era por el sprite; era por todo lo que ya venía cargando. Porque a veces el llanto no responde al momento presente, si no a la acumulación.
A días sin descanso.
A la carga mental de sostenerlo todo.
A la sensación de que, aunque hay dos, la responsabilidad recae en una.
A la soledad que puede sentirse incluso dentro de una relación.
Cuando no hay corresponsabilidad real,
el cuerpo empieza a hablar y no lo hace de forma elegante ni medida. Habla como puede: con irritación, con llanto, con desborde.
Por eso es importante entender esto: no todo lo que parece exagerado lo es:
A veces es un sistema nervioso saturado.
A veces es una historia que no ha tenido espacio para ser escuchada.
A veces es el cansancio pidiendo ayuda… aunque salga en forma de una lágrima por algo pequeño.
Porque los vínculos no se rompen por lo grande,
se desgastan en lo cotidiano.
Y lo cotidiano, cuando no se cuida, pesa.
Psic. Laura Talavera