06/03/2026
En el 2008 comencé mi camino profesional en el estudio del trauma desde mi especialidad en abuso sexual. Con el paso del tiempo continué formándome en el área forense, donde tuve la oportunidad de trabajar 4 años con víctimas de distintos tipos de delitos en el Departamento de Justicia, acompañando de cerca historias profundamente complejas y dolorosas.
Ese recorrido profesional me llevó a profundizar aún más en la comprensión del trauma. Hoy cuento con certificación en Psicotraumatología hasta el Nivel II y actualmente me encuentro en proceso de culminar los próximos niveles de formación.
Con eso en mente, también hoy comencé el adiestramiento en EMDR, un modelo de intervención enfocado en trauma. Como parte de la dinámica, me tocó hacer un poema sobre lo que significa el trauma y esto fue lo que me salió.
Un dato curioso de mi: cuando niña escribía poemas y monólogos, e incluso competí y gané algunas veces segundo y tercer lugar 😅 pero mientras fui creciendo dejé de hacerlo. Crecí y olvidé conectar conmigo en el camino.
He vivido varias experiencias de trauma en las que me he sentido invisible y cuando escribía esto pensaba en esa soledad que se siente cuando nadie te ve y lloras por lo que el trauma deja en tu cuerpo: sensaciones, emociones y cogniciones perturbadoras.
Hoy comparto esta parte de mi “poema” desde lo más profundo de mi corazón y guardando para mi el resto. Porque muchos ven lo que te sucede pero no lo que se guarda dentro de ti.
El estudio del trauma, y buscar ayuda con especialistas formados en trauma, es, sin duda, el camino que todos debemos recorrer para entender muchas cosas que a simple vista no tienen explicación pero que están ahí y nos marcan para siempre.
A veces todos conocen la historia. El evento. Lo que ocurrió. Pero muy pocos logran comprender lo que sucede dentro de quien lo vivió.
El trauma no termina cuando el evento termina. Permanece en el cuerpo, en la memoria emocional, en las reacciones que muchas veces otros no logran entender. Por eso, cuando escuchamos la historia de alguien, debemos recordar que siempre existe una parte invisible que no se ve, pero que se sigue sintiendo.
Ser sensibles al trauma implica mirar más allá de los hechos y acercarnos con empatía, respeto y contención.
Porque muchas personas siguen viviendo, en silencio, aquello que otros creen que ya pasó.
Dra. Rebecca M. López Bobonis