19/12/2025
Allí, en una esquina, pacientemente espera. No hay prisa, no hay reclamo y mucho menos presión. Solo está por si la necesitan. Pero siempre la ven, siempre la sienten, siempre la eligen. La toman como si la escucharan, como si al saber que está les representara confianza y seguridad. La mayoría la abraza, otros la sientan a su lado, otros le ponen un nombre (tiene muchos, es tan de ellos💚). Y justo en ese encuentro, comienza a ocurrir lo que tal vez pocas veces ocurre en sus vidas, algo que que les permite fluir. Aquello que pareciera decirles "está bien, no estás solo/a, yo estoy, permítete sentir que yo contengo". No es magia, tampoco es algo forzado, solo ocurre y ella está ahí pareciendo contener y sostener. En momentos, con ella, se permiten nombrar lo que nunca se ha nombrado, visibilizan el dolor y el miedo, le dan voz al silencio. En otros momentos, es nuestra compañera de juegos. Permite sonrisas, permite validación y que se miren a si mismos. Pero siempre es su lugar seguro, es lo que provee apoyo y calma cuando sus palabras se vuelven difíciles, cuando su dolor se hace presente. Es maravilloso y esperanzador ver esos rostros que se reconocen y se permiten, mientras la sostienen. Y yo, acompañando, escuchando y respetando el ritmo.
Son muchas historias que me cuentan, muchas emociones que apalabran en su compañía, muchas lágrimas que ella parece contener. Pero también mucha ilusión, esperanza y sanación. Sin planificarlo se ha convertido en una vía increíble entre lo innombrable y la palabra. Porque en el espacio de terapia, mis niños y adolescentes construyen, significan y narran su historia mientras se sienten apoyados, mientras su ritmo es respetado. Y en la mayoría de las ocasiones, ella es la que está a su lado.
Dra. Wilmarie Palomo Colón
Psicóloga Clínica
Hay experiencias que, aun desde la clínica, no se vuelven rutina porque siguen siendo vivas y esta es una de ellas.
Y, si, no se trata solo de“un peluche”, es la experiencia de ser sostenidos sin exigencia, algo que nuestros niños y adolescentes necesitan de forma consistente. La jirafa aparece como ese tercero silencioso que no invade, no pregunta, no interpreta y precisamente por eso habilita la palabra, el juego, el llanto y el relato.
Así se plasma, esperar sin apresurar, la disponibilidad sin exigencia, la contención sin límites. Ahí ocurre lo terapéutico. No porque se “haga” algo con un fin, con una demanda, sino porque se permite que algo ocurra. Y esto se posibilita porque antes de la palabra está la seguridad, antes de la interpretación está el vínculo y antes de cualquier intervención está la posibilidad de no estar solo. Acompañar es complejo pero requiere y supone ante todo respeto y sensibilidad 💚
Centro Pasos
Caminando contigo