26/02/2026
Agradecidos con la nota del periodista Héctor Maldonado donde mezcló el compromiso profesional y la dedicación al deporte de muchos, con nuestra humilde historia; para crear una hermosa narrativa poética.
Guayanilla 10K Femenino: Entre el amor, el deber y el respeto que sostiene el deporte
Bajo el sol del sur, la cuarta edición del 10K Femenino de Guayanilla fue más que competencia. Fue una escena de amor en la meta, una defensa serena de la profesión y un recordatorio de que el deporte exige respeto tanto como pasión.
Por Héctor Maldonado
APDPUR / AIPS
En Guayanilla, el 22 de febrero no solo se midieron tiempos. Se compartieron historias. Entre las 269 corredoras que recorrieron el asfalto del sur estaba la doctora en terapia física Nerilís Mena. En la línea de llegada la esperaba su esposo, el Dr. José Cruz. No como funcionario, no como voz pública, sino como compañero de vida. El abrazo tras cruzar la meta fue más que celebración; fue síntesis. En ese gesto se encontró el sentido completo de la jornada: el amor que impulsa, el deber que acompaña y el correr que transforma hábitos, cuerpos y mentalidades.
El propio Cruz lo explicó con naturalidad: “El ser humano es una estructura movible… no está para estar quieto”. Fue su esposa quien comenzó a correr durante la pandemia y quien lo motivó a asumir el movimiento como compromiso de vida. La historia de ambos no es anecdótica; es el reflejo de lo que el deporte bien entendido puede provocar en el núcleo más íntimo: disciplina compartida, apoyo mutuo y crecimiento físico y emocional.
Pero esa escena humana se daba en un contexto más amplio. Semanas antes, expresiones del secretario del Departamento de Recreación y Deportes estatal, Héctor Vázquez Muñiz, utilizando el término “pega tape” para referirse a profesionales del área atlética, generaron reacción dentro de la comunidad deportiva. Para muchos, la frase reducía a tono coloquial una disciplina con base académica y clínica, esencial en el deporte competitivo.
Consultado durante la jornada en Guayanilla, el Dr. Cruz respondió sin estridencias, pero con firmeza. Señaló que comentarios de ese tipo parten del desconocimiento sobre la preparación que exige la profesión del terapeuta atlético. Explicó que no se trata simplemente de aplicar vendajes, sino de evaluar lesiones en tiempo real, manejar protocolos preventivos, interpretar biomecánica, controlar cargas físicas y tomar decisiones que pueden proteger la integridad y la carrera de un atleta. Su postura no fue de confrontación política; fue de defensa técnica y ética.
Más aún, Cruz dirigió su mensaje a los estudiantes y jóvenes que aspiran a ejercer esta profesión. Les recordó que el camino exige estudio riguroso, certificaciones, práctica clínica y compromiso constante con la actualización científica. “Es una profesión seria”, enfatizó en esencia, subrayando que quienes hoy se forman deben entender que sostienen una responsabilidad directa sobre la salud del atleta. En ese mensaje hubo advertencia, pero también orgullo profesional.
Mientras ese debate había recorrido por las redes y opiniones, en Guayanilla las mujeres seguían avanzando kilómetro a kilómetro. Detrás de cada dorsal había entrenamiento, acompañamiento profesional y una red de apoyo que hace posible competir con seguridad. El evento fue celebración femenina, pero también demostración de que el deporte no es improvisación ni espectáculo aislado: es organización, conocimiento y responsabilidad compartida.
Cuando el asfalto volvió al silencio y las medallas encontraron su lugar sobre el pecho de las corredoras, quedó algo que no aparece en los resultados oficiales. Quedó la imagen de una pareja que encontró en el correr un proyecto común. Quedó la defensa firme de una profesión que trabaja muchas veces lejos del reflector, pero siempre cerca del riesgo. Y quedó una lección clara: el deporte que perdura no es el que hace más ruido, sino el que se sostiene con respeto.
En Guayanilla no solo se corrió. Se afirmó carácter. Se defendió vocación. Se recordó que cada meta cruzada es posible gracias a una red invisible de conocimiento, disciplina y amor.
Esa es la verdadera línea de llegada.
El Dr. José Cruz junto a su esposa la Dra. Nerilís Mena, quien participó en el 10K Femenino de Guayanilla. Foto Héctor Maldonado