11/12/2025
El Síndrome de Estocolmo hace referencia a cuando una víctima genera un lazo emocional con su agresor, identificándose con él, incluso sintiéndose responsable o culpable de las agresiones recibidas.
Es un síndrome asociado a situaciones de secuestro, pero en realidad abarca un campo mucho más amplio y es más común de lo que podríamos pensar. Puede darse en cualquier tipo de relación (en una pareja, en el trabajo, con los hijos, etc.) en la que una persona permite que otra adopte un lugar de poder, control o autoridad sobre ella. Una de las características fundamentales es la empatía que la víctima siente hacia su agresor, pudiendo incluso llegar a sentir gratitud hacia él.
¿Qué es el Síndrome de Estocolmo?
El síndrome de Estocolmo es un estado psicólogico inconsciente en el cual una persona que padece algún tipo de situación de violencia, ya sea física o mental, llega a desarrollar sentimientos positivos de afecto hacia la persona que ejerce violencia física o mental hacia ella, pudiendo llegar incluso a establecer relaciones sentimentales de complicidad con el agresor.
Es importante destacar que es un estado psicológico inconsciente, involuntario, irracional y por ello difícil o imposible de comprender para las personas del entorno de la victima que lo padece, que no entienden cómo la persona sigue con la relación.
A menudo, la relación sentimental o amorosa empieza antes de que el abusador muestre su agresividad. Poco a poco se va convirtiendo en una relación tóxica en la cual la persona que recibe la hostilidad, queda atrapada, pues a pesar de que existan muchos abusos, prevalece el sentimiento afectivo que convierte la situación en un círculo vicioso difícil de romper.
¿Cómo saber si una persona sufre este síndrome?
La característica fundamental del síndrome, es que la víctima desarrolla sentimientos positivos hacia su agresor, permitiendo el abuso, incluso justificándolo o mostrándose cómplice.
El abusador puede ser una persona carismática que despierta la admiración de su víctima, y suele ser una persona muy persuasiva, que llega a invalidar y convencer a su víctima de que todo lo que hace es por ella, porque la quieren mucho, por su bien o para protegerla.
Es frecuente que esta relación tan intensa genere una dependencia tan grande, que incluso tras terminar con la relación abusiva y controladora a la que la víctima ha sido sometida, ésta siga “amando” a su opresor. De hecho, si llega a darse cuenta del abuso que tuvo que soportar, no logra romper el vínculo y sigue intentando justificar y entender a su agresor. Incluso pueden desear mantener o recuperar la relación a pesar de saber que es una relación dañina y tóxica.
¿Cómo saber si sufres el síndrome de Estocolmo?
– tienes sentimientos positivos, como amor, apoyo, o necesidad de defender a la persona que te hace daño.
– crees que aquellos que le critican están equivocados.
– justificas las conductas de tu abusador, le defiendes o empatizas con él por su pasado traumático.
– la relación es desigual y se basa en amenazas.
– sientes que corres peligro, que existe riesgo de daños o pérdidas.
– sientes que necesitas a tu abusador y que no puedes vivir sin él.
– te culpas a ti del maltrato.
– tienes sensación de falta de control, de no poder cortar la relación aunque quisieras.
– aislamiento.
– te sientes anulado, perdido o desorientado. Olvidas secuencias de tiempo, dudas de si lo que has vivido es real.
– tendencia a recordar las cosas de forma selectiva: minimizando las agresiones y valorando las cosas que te hacen sentir bien.
¿Por qué ocurre?
En este tipo de relación, normalmente, los abusos o las agresiones no empiezan de repente, sino que son precedidos por una serie de mecanismos de control por parte del abusador, de manipulación, aislamiento sistemático, represalias que van apareciendo poco a poco, a veces de forma sutil, provocando en la persona dudas, desorientación, inseguridad, que la llevan a sentir que el otro tiene el control y uno mismo ya no es capaz de controlar nada, sintiéndose incapaz de tomar ninguna decisión.
En la base de este tipo de relación patológica está el miedo y la dependencia. El vínculo emocional que se crea con el maltratador en realidad es una estrategia de supervivencia. Al mostrarse complaciente, tranquila, colaboradora y manifestando aprecio hacia el agresor, la víctima siente, de forma inconsciente, que tiene una posibilidad de evitar un problema.
Existen unas condiciones básicas para que se desarrolle este síndrome:
a- Percepción de amenaza física o psicológica: a través de métodos directos, indirectos o simplemente siendo testigo de una situación violenta.
b- Gestos amables de parte del abusador (que a menudo son estrategias conscientes o inconscientes para manipular a la víctima): regalos, muestras de afecto, contención de una acción violenta que la víctima interpreta como una mejora. Detalles que hacen que la persona crea que su pareja va a acabar cambiando, que puede corregir su comportamiento y que en el fondo la quiere. La víctima tiene tendencia a ver la parte buena de la relación, el lado afectuoso, el deseo, la importancia que le concede su agresor queriéndola mantener a su lado a toda costa. Y esto genera una enorme dependencia emocional.
c- Compasión y empatía: el abusador puede compartir información acerca de su pasado, por ejemplo que fue maltratado, abusado, descuidado, abandonado, etc, y la víctima acaba sintiendo compasión y justificando sus acciones. Pero el hecho de mostrar compasión no suele producir ningún cambio en sus conductas agresivas y lo que acaba ocurriendo es que esta empatía alarga el periodo de tiempo que la víctima será abusada.
d- Aislamiento de la víctima: que poco a poco basa su decisiones en el miedo a una potencial reacción agresiva del abusador. Si el contacto que mantiene la víctima con sus familiares o amigos, es fuente de problemas, acabaran evitando estas relaciones e incluso pueden llegar a mostrarse hostiles con ellos.
e- Falta de autoestima, inseguridad, dependencia: Incapacidad para escapar o dejar la relación: debido a la necesidad de ser amados, o por dependencia económica, por evitar situaciones legalmente complicadas, por amenazas (como quitarle a los hijos, exponer públicamente problemas de la víctima, amenazas de suicidio) o por el hecho de que la autoestima de la víctima está tan afectada que ha perdido la confianza en sí misma, y posiblemente se sienta totalmente débil, agobiada, incapaz y sin energía, debido al desgaste que provocan las relaciones tóxicas.
En definitiva, se podría decir que en este tipo de relaciones, existe una preocupación constante por posibles problemas que pueden surgir en cualquier momento y por cualquier motivo, que la persona emplea casi toda su energía en sobrevivir el día a día, evitando los conflictos.
¿Cómo lo podemos prevenir?
Para prevenirlo lo más importante es ser conscientes del problema. Para ello, debemos prestar atención a una serie de situaciones que pueden desencadenar el problema, para poder identificarlas desde el principio, ya que el tiempo es un factor clave en el mantenimiento del problema. Cuanto más tiempo haya estado la víctima expuesta a situaciones de abuso, más difícil le será distanciarse del maltratador y recomponer su vida.
Las situaciones que hay que vigilar, son:
– las amenazas (directas o indirectas) en forma de opiniones, comentarios hacia otros, decir que te va a dejar, etc. Muestras de poder, con gestos violentos como golpear una pared.
– uso de la amabilidad, el cariño, el afecto para contrarrestar los efectos negativos de las amenazas. Generando una relación de amor/ odio, muchas veces de intensidad similar: a más agresividad, más pasión, reforzando un vínculo intenso, estableciendo una complicidad y reforzando el mantenimiento de una relación tóxica.
– el abusador se muestra vulnerable, se sincera, manipulando la pareja, para que se sienta especial al ser su confidente y provocando compasión y empatía.
– la persona controladora intenta cambiarte, aislarte de tu entorno y convertirte en una persona mejor (según su punto de vista). Y se muestra posesiva con la víctima, lo que puede generar en ésta una sensación de ser importante y necesaria.
– sensación de estar atrapado/a, hacer varios intentos de dejar la relación pero acabar volviendo a pesar del sufrimiento, lo que genera ciclos de esperanza y desesperanza, que a la larga suelen acabar en una desesperanza, sufrimiento y preocupación constantes. Y una sensación de inseguridad, incapacidad y falta de control.
Soluciones: ¿Cómo afrontarlo?
La solución a este problema requiere la ayuda profesional, ya que una de las características del síndrome es la negación del problema por parte de la persona afectada. La consulta a un especialista es una de las primeras acciones que se deberían tener en cuenta, tanto por parte de la persona afectada como por su entorno familiar social en el caso de que la persona se resista a reconocer el problema.
Dr. Giovanni Alomar Sastre
Psicólogo Clínico