29/03/2026
Tema del día: fracturas de tobillo — las comunes, las no tan comunes, las quirúrgicas y las no quirúrgicas 🦴🦶
“Médico, me rompí el tobillo”…
Y ahí mismo empieza el problema, porque eso puede significar muchísimas cosas distintas. No todas las fracturas son iguales, no todas se operan y definitivamente no todas terminan igual.
Vamos a explicarlo como es, sin resumir.
El tobillo está compuesto por varias estructuras importantes. Si lo vemos de arriba hacia abajo, tenemos la fíbula distal (también llamada peroné), el maléolo lateral, el maléolo medial (que es la parte distal de la tibia), el talo y el calcáneo. El talo está justo debajo de la tibia y encima del calcáneo, y el calcáneo es el hueso del talón.
El movimiento también se divide y esto es clave entenderlo:
La dorsiflexión y la flexión plantar ocurren en la articulación tibiotalar.
La inversión y la eversión ocurren mayormente en la articulación talocalcánea.
Y como pasa mucho en medicina, los nombres cambian. A la fíbula le dicen peroné y al talo algunos le dicen astrágalo. Está brutal ese nombre, pero en la práctica diaria seguimos usando talo, calcáneo, fíbula y maléolo medial.
Ahora vamos a las fracturas.
Las más comunes son las de los maléolos.
Si se rompe uno, es una fractura simple.
Si se rompen ambos, es una fractura bimaleolar.
Y si además se rompe la parte posterior de la tibia distal, es una fractura trimaleolar, que muchas veces representa una avulsión ligamentosa posterior y una pérdida importante de estabilidad.
Y aquí viene lo importante: no toda fractura es quirúrgica.
Si la fractura está alineada, no desplazada y el tobillo es estable, se puede tratar con yeso, bota y seguimiento. Pero si está desplazada, inestable o altera la mecánica del tobillo, entonces sí hay que operarla para evitar dolor crónico, artritis y mala función.
Ahora… cuando entramos en el mundo del talo y del calcáneo, la historia cambia completamente.
Las fracturas de talo son malas. Malísimas.
Ese hueso tiene una irrigación bien delicada, y cuando se fractura existe un riesgo alto de necrosis avascular. En palabras simples: el hueso puede perder su suplido de sangre y morir. Y cuando eso pasa, el cartílago se afecta, la articulación se deteriora y el paciente puede pasar meses a años con dolor.
Muchos de estos pacientes, aunque “sanen”, terminan en una fusión. Hay que eliminar el movimiento para eliminar el dolor. Y eso es algo que a los pacientes les cuesta entender y aceptar.
Las fracturas de calcáneo son igual de complicadas.
Ocurren típicamente por caídas de altura. El hueso del talón literalmente se “explota”. Son fracturas difíciles de reconstruir y aunque se operen bien, muchas terminan con artritis postraumática.
Y aquí hay un punto bien importante:
al cabo de un año, muchos pacientes operados y no operados están bastante similares en dolor y función.
¿Dónde duele más?
En superficies inclinadas, terreno irregular, piedra… donde el pie tiene que adaptarse constantemente.
La cirugía más común cuando el dolor persiste es la fusión talocalcánea, usando dos o tres tornillos para eliminar ese movimiento doloroso. En casos más avanzados, se pueden usar clavos que fusionan el calcáneo al talo y el talo a la tibia. Son cirugías demandantes, tardan en consolidar, pero cuando funcionan, permiten preservar la extremidad y que el paciente siga caminando.
En mi práctica personal, fracturas de talo veo muy pocas. Eso es trauma de alta energía: motoras, caídas grandes, accidentes de carro… y usualmente terminan en centros grandes como Centro Médico.
Los calcáneos sí los veo con más frecuencia, probablemente dos o tres al mes. Y la mayoría los trato conservadoramente. Empiezo con inmovilización suave (soft cast con algodón y vendaje elástico) las primeras dos o tres semanas mientras la piel mejora. Luego paso a yeso hasta aproximadamente seis semanas y después a bota.
No me gusta operarlos de rutina. No porque no se pueda, sino porque es una cirugía difícil, el proceso es largo y muchas veces el resultado final no cambia tanto. Si veo un caso extremadamente destruido en un paciente joven que podría beneficiarse, prefiero referirlo a colegas que se dedican a ese tipo de cirugía.
Porque también hay que saber cuándo operar… y cuándo no.
En resumen:
no todas las fracturas de tobillo son iguales.
Un maléolo roto no es lo mismo que un talo roto.
Un calcáneo “explotado” no se comporta como una fractura simple. Importante reconocer que el mayor problema con estas fracturas es la piel, muchas veces es el estado de esta lo que dictará el tiempo a operarlas.
La pregunta no es solo “¿está roto?”
La pregunta es: ¿qué se rompió?, ¿cómo quedó?, ¿qué tan estable está?, y ¿qué función queremos recuperar?
Ahí está la diferencia entre tratar una radiografía… y tratar al paciente.
Buen día 👨🏻⚕️🦴