Mi trabajo con las cartas no es de predicción o videncia clásica. El psiquismo que se centra en los detalles minuciosos del pasado o el futuro resulta divertido, entretenido y muy misterioso, pero ayuda poco a quienes verdaderamente se formulan preguntas auténticas sobre el sendero de su propio corazón . Intuitiva y espiritualmente no estamos buscando más chismes o detalles, sino inspiración pura y directa para navegar nuestra existencia y buscarle sentido al viaje. Esta inspiración se accede de muchísimas maneras a través de diversas prácticas y disciplinas espirituales. Sin embargo, una vía, entre tantas hermosas, es acceder a la inspiración a través de la energía de los arquetipos en cada una de las cartas del Tarot. Las cartas conforman un libro rodante, dividido en cartas movibles, que evocan e informan todas las etapas, sutilezas y madejas de nuestro recorrido. Cuando ordenamos el maso de cartas en un orden particular, o escogemos una carta, veámoslo con nuestros ojos o no, estamos escogiendo un lente magnificador de nuestro Ser Superior, que siempre sabe obrar y sobre todo, ser plenamente. Las cartas entablan una animada conversación con un poderoso lenguaje compuesto por símbolos y arquetipos. Utilizarlas para descifrar los detalles de una historia que pasó o puede pasar, o buscar si o no, es una ofensiva reducción de su poder y el nuestro propio a un determinismo limitante. Las cartas son, más que todo, llaves para una puerta que habíamos olvidado, son buenas y fieles amigas de nuestra intuición; un mapa de y para nuestra alma, y son un rico abono que fertiliza y hace crecer la semilla de la iluminación en nuestro interior.