28/03/2026
Les cuento que la semana ha estado lleno de retos emocional. Me he sentido insegura, he cuestionado muchas cosas y me ha llevado a conectar con mis heridas. Les he compartido que nunca fui una niña estudiosa ni aplicada. Lo que siempre tenía bien claro era que era una buena amiga. Incluso, eso fue lo que me llevó a tomar la decisión de ser psicóloga. Me gustaba la fiesta, las conversaciones, disfrutar. Tenía a mi mamá preocupada, lxs maestrxs ya no sabían que hacer conmigo porque hablaba mucho, el consejero de la escuela me llegó a decir que no iba a entrar a ninguna universidad. No estaba lejos de la realidad, tuve que mentir en mi graduación de escuela superior. Dije que iba a la UPR de Mayagüez porque a esas alturas no sabía para donde iba. Poco a poco fui sintiendo el síndrome del impostor. Muchas veces sentía que no pertenecía y minimizaba los logros alcanzados. Ej: entré a escuela graduada, “sí, pero entré porque estaba en lista de espera”. Pocas veces me decía que era por mis propios méritos. Entre comparaciones, inseguridades y dudas me fui moviendo por el mundo profesional hasta llegar al hoy. Ayer buscando fotos y reflexionando, le tuve que dar un abrazo a esa niña que, a pesar de las dudas de lxs adultos, reía, bailaba, disfrutaba y presentaba mucha seguridad. WOW, la niña me dio una bofetá’. A temprana edad siempre iba por la vida con firmeza y seguridad. Se paraba en las tarimas a bailar, cantar y hablar como si fuese LA MEJOR. Y lo era, no estas equivocada.
Porqué comparto esto? No dejen de ser niñxs. No paremos de jugar, de reír, de SER. Lo demás, llega.
Laurie
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