04/01/2026
Venezuela hoy: sostener dos verdades a la vez
En estos días el mundo presencia un giro extremo en Venezuela: fuerzas de Estados Unidos capturaron a Nicolás Maduro y lo trasladaron a territorio estadounidense, mientras el Tribunal Supremo venezolano ordenó que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumiera como presidenta interina.
Desde el Trabajo Social Clínico, esto nos obliga a una práctica esencial: la capacidad de sostener dos verdades simultáneas sin caer en propaganda.
Verdad #1: Es legítimo querer el fin del autoritarismo y celebrar la salida de Maduro.
Por años, la población venezolana ha vivido trauma crónico colectivo: duelo prolongado, migración forzada, separación familiar, precariedad, miedo, represión y desgaste moral. Aun si cada persona tiene lecturas distintas, es comprensible que mucha gente sienta alivio al imaginar el cierre de un ciclo.
Verdad #2 : A la vez, se puede (y se debe) repudiar una intervención militar que viola derechos humanos y erosiona la soberanía.
Diversas voces y expertos han cuestionado la legalidad de la acción estadounidense bajo el marco del derecho internacional (incluida la prohibición del uso de la fuerza salvo excepciones muy específicas).
El Secretario General de la ONU advirtió que esto sienta un “precedente peligroso”.
Clínicamente, esto importa porque la “liberación” que llega como imposición armada suele abrir la puerta a otro tipo de control: incertidumbre, miedo, polarización, retaliación y nuevas formas de violencia estructural.
“Liberación” vs. “secuestro”: el riesgo clínico-político
Cuando una potencia dice “vamos a correr el país” (expresión atribuida al presidente Donald Trump) y no explica con claridad mecanismos, límites, ni plazos verificables, lo que se instala en la psique colectiva es amenaza ambigua: la forma más ansiógena de estrés.
En salud mental comunitaria, la amenaza ambigua produce:
1. hipervigilancia social (“¿quién manda ahora?”),
2. rumorología y desinformación (porque el vacío se llena con narrativas),
3. fragmentación (bandos que se deshumanizan),
4. fatiga moral (la gente pierde fe en la idea misma de justicia).
Por eso esta frase es clave: Venezuela puede pasar de intentar salir de un autoritarismo interno a quedar atrapada en una tutela externa.
¿Petróleo como telón de fondo?
Afirmar “la agenda es el petróleo” como hecho cerrado requiere evidencia directa. Pero sí es razonable señalar la preocupación porque el propio discurso público ha destacado el control/administración de Venezuela junto a sus reservas petroleras, e incluso se habló de participación de grandes petroleras en “reconstrucción”. Eso amerita alerta crítica, no ingenuidad.
Desde el Trabajo Social (enfoque anti-opresivo), cuando una intervención se justifica en nombre de “orden” o “justicia”, preguntamos:
1. ¿Quién define el “orden”?
2. ¿Qué derechos se suspenden “temporalmente”?
3. ¿Qué recursos se vuelven negociables?
4. ¿Qué voces locales quedan fuera del diseño del futuro?
El ninguneo a María Corina Machado y el patrón autoritario
Otro punto medular: no es coherente defender democracia y, a la vez, decidir por encima de la voluntad popular quién “tiene respeto” para gobernar. Reportes señalan que Trump desestimó a María Corina Machado —figura opositora con apoyo significativo y ganadora del Nobel de la Paz 2025— mientras se habla de “administrar” Venezuela desde afuera.
Aquí aparece una verdad incómoda: la forma autoritaria no solo existe dentro de un régimen; también puede aparecer en quien “interviene”. Cambia el uniforme, no necesariamente la lógica: “yo decido por ti”.
Puerto Rico como espejo emocional
Mucha gente fuera de Venezuela puede celebrar sin dimensionar lo vivido por su población. Es humano. Pero también es cierto que los venezolanos enfrentan ahora un escenario nuevo, y nadie debería exigirles una opinión perfecta en medio del shock.
Y para quienes vivimos realidades coloniales o semicoloniales, la palabra “soberanía” no es abstracta: toca identidad, dignidad y futuro. Ese paralelismo, bien manejado, no es para competir en sufrimiento, sino para aumentar conciencia.
Una postura clínica y ética (para conversar sin odio)
Podemos afirmar, sin contradicción :
Sí: Venezuela merece salir del autoritarismo y recuperar vida democrática.
Sí: Es condenable una acción militar que viola normas internacionales y expone a civiles.
Sí: Ninguna “transición” es legítima si se impone ignorando liderazgos con apoyo ciudadano y procesos verificables.
Sí: La prioridad ética es la autodeterminación: que el pueblo venezolano decida, con garantías, sin tutela armada.
Si algo nos enseña el Trabajo Social Clínico es esto: la dignidad no se negocia, y la libertad no se instala por decreto externo.