22/11/2025
Muévete un poco, por el bien de tu corazón y todo tu cuerpo!
LA FALTA DE EJERCICIO DISMINUYE LA OXIGENACIÓN CELULAR Y DEBILITA EL SISTEMA CARDIOVASCULAR
El cuerpo humano está diseñado para moverse. Cada músculo, cada vaso sanguíneo y cada célula dependen del movimiento para recibir oxígeno y nutrientes de manera adecuada. Cuando la actividad física es insuficiente —horas sentado, poca caminata diaria, ausencia de ejercicio intencional— el organismo entra en un estado de baja oxigenación que afecta la función de prácticamente todos los sistemas, especialmente el cardiovascular.
El ejercicio activa la circulación, acelera el flujo sanguíneo y mejora la capacidad del corazón para bombear sangre de forma eficiente. Cuando no nos movemos, el ritmo cardíaco se mantiene crónicamente bajo y el volumen de sangre que llega a los tejidos disminuye. Las células reciben menos oxígeno y menos nutrientes, lo que obliga al cuerpo a trabajar con un “combustible limitado”. Este déficit de oxigenación se traduce en fatiga constante, mente más lenta, menor concentración y sensación de pesadez física.
La inactividad también debilita el músculo más importante del cuerpo: el corazón. Sin entrenamiento, el corazón pierde fuerza y elasticidad. Bombea menos sangre por latido, se vuelve menos eficiente y requiere más esfuerzo incluso para actividades simples como subir escaleras o caminar rápido. A largo plazo, este proceso contribuye al desarrollo de hipertensión, incapacidad para tolerar esfuerzos y mayor riesgo de insuficiencia cardíaca.
Los vasos sanguíneos también se afectan. La falta de movimiento reduce la producción de óxido nítrico, la molécula que mantiene las arterias flexibles. Con menos óxido nítrico, las arterias se vuelven más rígidas, aumenta la resistencia vascular y se eleva la presión arterial. Además, la sangre circula más lentamente, favoreciendo la formación de coágulos, la acumulación de grasa en las arterias y la inflamación crónica.
A nivel celular, el sedentarismo disminuye la función mitocondrial —la capacidad de las células para producir energía— y reduce el uso de glucosa como combustible, lo que incrementa el riesgo de resistencia a la insulina. Este estado metabólico desfavorable afecta el sistema cardiovascular al aumentar la inflamación, los triglicéridos y el estrés oxidativo.
Incluso el sistema respiratorio se debilita. Los pulmones pierden capacidad para expandirse y las vías respiratorias no se abren completamente, lo que limita la entrada de oxígeno y hace que la sangre se oxigene menos. Esta baja oxigenación sostenida afecta al cerebro, al corazón y a los músculos, generando un círculo vicioso de cansancio y menor deseo de moverse.
La buena noticia es que este deterioro es reversible. Caminar 30 minutos al día, subir escaleras, estirar el cuerpo, practicar respiración profunda y hacer ejercicio moderado a intenso fortalece el corazón, mejora la elasticidad de las arterias, aumenta la oxigenación celular y reduce drásticamente el riesgo cardiovascular.
En conclusión, la falta de ejercicio no solo disminuye energía… debilita la oxigenación y compromete la salud del corazón.
Mover el cuerpo es darle aire, fuerza y vida a cada célula.
Porque el movimiento es uno de los medicamentos más poderosos que existen.