17/05/2026
Veo tantos comentarios de personas que jamás han pisado un aula como maestros, que no saben lo que es pararse frente a 40 alumnos con hambre, calor y abandono, y aún así se atreven a opinar desde la ignorancia.
No, no estamos "ardidos". Lo que nos indigna es la incongruencia de una sociedad que exige calidad educativa, pero desprecia a quien la construye todos los días.
Porque hay una verdad incómoda: es muy fácil exigir desde el aire acondicionado, pero muy difícil sostener la dignidad de una escuela sin agua, sin padres y sin apoyo.
A mediados de junio ya nos exigen tener a todos los alumnos evaluados. ¿Y después qué pasa? No vemos un solo contenido nuevo. Es repetición del repaso, y la asistencia se desploma. Las aulas, sin la infraestructura mínima, se convierten en un in****no. No es una metáfora: en Coahuila ya falleció un alumno por golpe de calor. Y desde hace dos semanas, vemos alumnos desmayarse en los patios por golpes de calor, porque llegan a la escuela caminando en las altas temperaturas, los salones parecen hornos y para rematar los alumnos no llevan agua. Esto es lo que vivimos cada día.
Cuando se habla desde un escritorio, desde el desconocimiento, es muy fácil señalar a quien está en el aula. Pero yo les hablo desde la trinchera: los niños llegan sin comer. Si les va bien, se compran una sopa Maruchan. Llegan sin uniforme completo o a veces hasta sin uniforme, asisten de manera irregular y cuando van, no quieren trabajar en clase. Y lo más frustrante: citas a los padres y no aparecen. Cero apoyo.
Ojo: no generalizo. Tengo el mayor respeto por los padres que sí acompañan. Con ellos, el trabajo se vuelve un placer, y se nota en el avance de sus hijos. Pero, desgraciadamente, eso no es la mayoría. La realidad en México es que tenemos alumnos huérfanos de padres vivos.
Y ahora viene lo peor. Acaban de eliminar la obligatoriedad del 80% de asistencia. Además, un alumno de secundaria puede reprobar hasta cuatro materias y aún así pasar. ¿Cuatro materias reprobadas y pasar? Así no se construye calidad educativa, señores, se destruye. Y ojo, de esto nadie habla. Nadie dice nada.
Lo repito para que quede claro: no generalizo, y respeto profundamente a los padres comprometidos. Pero la mayoría de nuestros alumnos están solos. Y las leyes que se aprueban, lejos de ayudar, empeoran todo.