01/01/2026
El “encuentro con el yo del pasado” (mal llamado a veces niña interior) no es mágico ni místico. Es terapéutico como metáfora porque dialoga directamente con cómo funciona el cerebro.
Desde la neurociencia sabemos que:
• El cerebro no almacena el pasado como archivos cerrados, sino como redes emocionales activas.
Cada vez que recuerdas una experiencia temprana, esa red se reactiva como si estuviera ocurriendo ahora.
• Muchas respuestas actuales (hipercontrol, miedo al rechazo, comer emocional, culpa, autoexigencia) no vienen del presente, sino de circuitos aprendidos en la infancia, cuando el cerebro era más plástico y dependiente del entorno.
Cuando en terapia “encuentras” a tu yo del pasado, lo que haces en realidad es:
1. Activar una memoria emocional antigua
(amígdala + hipocampo).
2. Introducir información nueva desde el yo adulto
(corteza prefrontal: comprensión, regulación, límites).
3. Esto permite un proceso llamado reconsolidación de la memoria:
la experiencia no se borra, pero se reescribe su significado emocional.
Por eso funciona.
No estás “hablando con una niña”.
Estás actualizando un sistema nervioso que aprendió a protegerse como pudo.
La metáfora es poderosa porque el cerebro piensa en imágenes, vínculos y narrativas, no solo en lógica. Al darle forma humana a una parte del pasado, facilitas:
• autocompasión (baja la amenaza),
• integración (deja de haber lucha interna),
• regulación emocional (menos reactividad automática).
En términos simples:
lo que no fue acompañado en el pasado,
sigue buscando acompañamiento en el presente.
Cuando el yo adulto se hace presente, el cerebro deja de vivir en modo supervivencia y puede abrirse a seguridad, flexibilidad y expansión.
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Medita en lo siguiente:
Hoy decido estar en paz conmigo y con mi pasado.
Honro lo que fue, sin quedarme atrapada en ello.
Me permito soltar la lucha interna
y me extiendo a recibir un futuro
lleno de abundancia, armonía y flexibilidad.