19/11/2025
Recordarnos que el cuerpo no es una herramienta, es un hogar.
Un altar.
Un territorio sagrado en constante renovación.
Habitarlo como un templo es aprender a entrar con respeto, a escuchar sin prisa, a movernos no para corregirnos sino para reconocernos.
Cada inhalación es una entrada
Cada exhalación una ofrenda.
Cada pausa revela un rincón que pide ser mirado con ternura.
Una práctica simple y radical: tratarte como tratarías lo sagrado.