19/01/2026
Dinamarca dejó oficialmente atrás el método de “dejar llorar” después de que un estudio a nivel nacional revelara que todavía se enseñaba en la mayoría de los municipios del país.
Más de que 700 psicólogos firmaron un pronunciamiento conjunto solicitando su eliminación inmediata. En él, subrayaron que el llanto prolongado sin consuelo eleva los niveles de cortisol y afecta la forma en que el cerebro del bebé construye los circuitos responsables de la regulación emocional y del estrés.
Este cambio a nivel nacional refleja una creciente conciencia científica sobre la enorme sensibilidad neurológica en los primeros años de vida.
Los investigadores señalan que cuando los bebés lloran solos, sus señales de estrés aumentan de forma abrupta. En ausencia de una respuesta del cuidador, el cerebro comienza a organizarse desde la autoprotección, en lugar de hacerlo desde la confianza. Estos patrones tempranos influyen más adelante en el estilo de apego, la estabilidad emocional e incluso en los procesos de aprendizaje.
La decisión de Dinamarca se alinea con décadas de investigaciones en neurociencia que muestran que los bebés dependen de la regulación externa del adulto para desarrollar circuitos cerebrales saludables.
A pesar de esta evidencia, el enfoque de “dejar llorar” sigue recomendándose en algunas regiones de Estados Unidos, España, México y toda Latinoamérica, donde persisten modelos obsoletos que promueven una supuesta independencia infantil temprana.
Sin embargo, los científicos son claros: los bebés no aprenden a autorregularse a través del aislamiento. Aprenden a hacerlo mediante experiencias repetidas de consuelo, que estabilizan el ritmo cardíaco, la respiración y el procesamiento emocional. Este proceso es el que construye la resiliencia a largo plazo.
El giro de Dinamarca pone sobre la mesa una conversación global sobre el bienestar infantil.
La ciencia es clara: responder al llanto de un bebé favorece un desarrollo más saludable que dejarlo llorar en soledad, ¿es más duro? Claro que si, mi esposa y yo lo estamos sufriendo, pero es un precio que estamos pagando de forma consciente.