10/12/2025
Hay relaciones en las que por más que te esfuerces, nada cambia.
➡️ Das afecto, apoyo, tiempo, soluciones, comprensión… y aun así todo parece desaparecer sin dejar rastro.
👉 No porque tus esfuerzos sean insuficientes, sino porque la otra persona no tiene la capacidad (ni la intención) de sostener lo que recibe.
🕳️ Cuando estás vinculado/a a una persona narcisista, cualquier gesto tuyo se diluye.
➡️ No importa cuánto hagas: nada se acumula, nada se valora, nada permanece.
👉 Sus carencias emocionales, su necesidad inagotable de atención y su incapacidad para la reciprocidad hacen que todo lo que entregas se pierda al instante.
🔄 Este tipo de dinámica genera una trampa agotadora: te convence de que si sigues dando un poco más (si eres más paciente, más fuerte, más comprensivo/a, más “perfecto/a”), entonces por fin verás un cambio.
➡️ Pero ese cambio nunca llega, porque el problema no está en la intensidad de tus esfuerzos, sino en la estructura emocional de la otra persona.
💭 La persona narcisista necesita recibir constantemente, pero no integra lo que recibe.
➡️ No lo transforma en vínculo, ni en gratitud, ni en compromiso.
➡️ Lo consume y vuelve a pedir más.
👉 Vive en un ciclo de vacío que tú no puedes llenar, por mucho que te desgastes intentándolo.
🧠 Poco a poco, esta dinámica puede llevarte a pensar que no das suficiente, que eres tú quien falla, que tendrías que esforzarte aún más.
➡️ Pero no es así.
👉 El agotamiento que sientes es la prueba de que llevas demasiado tiempo entregando energía a alguien que no puede (o no quiere) sostenerla.
✨ La lección es dura pero liberadora: no puedes reparar lo que otra persona no reconoce como roto. ➡️ No puedes llenar a quien está hecho/a para vaciarse.
👉 Y no puedes construir un vínculo real con alguien que solo toma, pero nunca guarda ni devuelve.