05/10/2026
Mañana celebro mi primer Día de las Madres con mi bebé en brazos.
Y es algo que no doy por sentado ni un solo día.
Porque hubo un tiempo —un tiempo muy largo— donde pensé que esto quizás nunca iba a pasar.
Fueron cinco años de mucho dolor.
De espera.
De diagnósticos.
De aprender, estudiar y tratar de entender lo que estaba pasando con mi cuerpo y con mi corazón.
Fueron años de negativos.
De pérdidas tempranas.
De ilusiones que duraban días.
De falsos positivos.
De micro duelos silenciosos que nadie veía.
De romperme en mil pedazos y reconstruirme mes a mes.
Fueron años de inyecciones, hormonas, tratamientos y preguntas sin respuesta.
De caminar este proceso junto a mi esposo mientras tratábamos de sostener la esperanza.
También fueron años de comentarios dolorosos.
De juicios.
De críticas externas de personas que no entendían por qué “todavía” no salía embarazada.
Y aunque hubo momentos muy oscuros…
también fueron años que me transformaron profundamente.
Años de sanar, de comprender, de soltar y de valorar cada paso que me trajo hasta aquí.
Por eso hoy quiero honrar y abrazar especialmente a las mujeres que viven una maternidad distinta.
A las que están en el proceso de convertirse en la mamá que sueñan ser.
A la mamá que hoy recibe un negativo.
A la que guarda un eco como la única foto tangible de su bebé.
A la que mira al cielo recordándolo.
A la que espera con paciencia y fe.
A la que está atravesando tratamientos de fertilidad o IVF.
A la mamá del corazón.
A la mujer que no sabe por dónde comenzar.
Y también a la que ha perdido la esperanza en el camino.
Las abrazo profundamente.
Las entiendo.
Y deseo con todo mi corazón que puedan sentirse sostenidas, vistas y acompañadas en medio de este proceso.