Mayi’s ALF INC

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04/26/2026

Casi abandono la actuación para vender seguros.

Corría 2013. Yo tenía 38 años, una hija recién nacida que mantener y exactamente 847 dólares en mi cuenta bancaria. No había comido carne en tres semanas porque la comida para bebé era más cara de lo que imaginé.

Mi agente me llamó para decirme que habían cancelado mi quinta audición consecutiva. Colgué el teléfono, me senté en el suelo de la cocina y le confesé a mi hermana: "Ya no puedo más".

Ella me miró y me dijo: "Pedro, tú no sabes hacer otra cosa. Y además, lo harías fatal vendiendo seguros".

Me reí. Y esa risa fue lo único que me quedó.

Mis padres habían tenido que huir de Chile durante la dictadura. Llegaron a Estados Unidos sin una palabra de inglés y conmigo en el vientre. Crecí escuchando historias de exilio y de pérdida. Y sin embargo, yo estaba a punto de rendirme por una simple crisis de treintañero.

La noche antes de mi audición para "Narcos", durmiendo en el sofá de un amigo en Bogotá, tuve una visión: mi madre, que había mu**to años atrás, mirándome con esos ojos que decían "no me falles".

Hoy soy el actor más buscado de Hollywood. "The Last of Us" rompió récords, "Gladiator 2" está en todos los cines y mi cara aparece hasta en las sopas. Pero sigo teniendo esos 847 dólares grabados a fuego en mi memoria.

No escribo esto para presumir. Escribo esto para que sepas que el éxito no tiene fecha de caducidad. Tú puedes estar a punto de vender seguros... y al día siguiente convertirte en el favorito de Internet.

La esperanza no es para los jóvenes. Es para los que no se rinden aunque tengan motivos.

— Pedro Pascal

04/26/2026

Mi primer beso en pantalla fue a los 12 años con un hombre de 24.

Mi madre lloró en el set. El director le dijo: “Es arte, señora. Relájese”.

No me relajé. Me quedé paralizada.

Hollywood me enseñó desde niña que mi cuerpo no me pertenecía. Que “profesional” significaba aguantar, callar y sonreír aunque te estuvieran tocando de más en los ensayos de baile.

A los 16, un productor me encerró en su tráiler para “discutir mi futuro”. Me pidió que me sentara en su cama. Salí corriendo y él me gritó: “Nunca vas a llegar a nada si eres tan paranoica”.

Esa noche tuve mi primer ataque de pánico. Pensé que me estaba dando un infarto. Era solo mi cuerpo gritando lo que mi boca no podía decir.

Me prometí a mí misma: nunca más. Prefiero ser “la difícil” a ser “la cómoda” para los hombres con poder.

Cuando me ofrecieron “Wednesday”, puse 17 cláusulas en mi contrato. Una de ellas: “Ningún hombre mayor de 30 me dará indicaciones físicas sin una testigo presente”.

Se rieron de mí en la reunión. Me llamaron “exigente” y “problemática”.

No cedí.

Hoy, “Wednesday” es el fenómeno global que todos conocen. Y yo soy la productora ejecutiva de la segunda temporada. Los mismos que se rieron ahora me ruegan que los contrate.

Mi cuerpo sigue siendo mío. Y también lo es mi carrera.

Si hoy eres joven y sientes que debes “portarte bien” para que te contraten… no lo hagas. Las buenas chicas no hacen historia. Las difíciles sí.

— Jenna Ortega

04/26/2026

A los 9 años, traducía cartas de desahucio para mi abuela. A los 9 años, ya sabía lo que era tener miedo de perderlo todo.

Mi familia es de inmigrantes mexicanos. Crecí en Inglewood, California, en un barrio donde las balaceras eran tan comunes como el ruido de los helicópteros.
Mi padre fue deportado cuando yo tenía 10 años. Recuerdo la noche que se lo llevaron. Mi madre lloraba en la cocina, tapándose la boca para que no la oyéramos mis hermanos y yo. Yo me escondí en el armario y prometí que haría todo lo posible para sacar a mi familia adelante.

A los 12 años, empecé a trabajar. Limpiaba casas, cuidaba niños, ayudaba en una tienda de ropa. Mis compañeras del colegio iban al centro comercial. Yo iba a la fábrica de empaque de frutas.
Un día, en el instituto, una compañera me dijo: "Becky, tú nunca vas a ser nadie. Eres solo una chica mexicana más". No le respondí. Me fui al baño y me maquillé los ojos para que no se notara que había llorado.

A los 15 años, firmé mi primer contrato discográfico. Pero la fama vino con algo que no esperaba: ansiedad. Ataques de pánico en los que sentía que "el mundo se estaba acabando".
Hubo una noche en Miami, después de un concierto, que me encerré en el baño del hotel y no podía respirar. Mi madre llamó a una ambulancia. Los médicos dijeron que era un ataque de ansiedad. Me sentí tan débil. Tan fracasada.

Hoy, hace apenas unos días, Billboard me otorgó el premio "Global Impact" por mi capacidad de conectar con audiencias de todo el mundo y mi labor como activista en favor de la salud mental y la representación latina.
La misma chica que traducía cartas de desahucio ahora es un símbolo de empoderamiento para millones de latinos.

La ansiedad no es debilidad. Es la prueba de que has vivido cosas que nadie debería vivir.
Si hoy sientes que el mundo se te viene encima, respira. Yo también lo sentí. Y aquí sigo.

— Becky G

04/26/2026
04/25/2026
04/25/2026

Crecí en Cojívar, Cuba, sabiendo de niño lo que es tener hambre. Racionaban una cuarta parte de un pollo por persona al mes, un solo pan por día, y los lujos como la pasta de dientes se reemplazaban con carbón o bicarbonato.

No teníamos ni pelota de béisbol, así que juntábamos calcetines usados y jugábamos descalzos sobre el asfalto bajo el sol. Mi padre nos abandonó, y mamá hizo maravillas con lo que no tenía. No había libertad: por más que soñáramos, el destino parecía marcado.

A los 15 años emigré a Estados Unidos sin un centavo, sin saber casi inglés. Empecé a limpiar mesas, a dormir en sofás y a construir con mis manos lo que el sistema no me daba. Una noche me paré frente a un espejo y me dije: "Vas a triunfar". No era soberbia, era pura necesidad.

Hoy soy el galán de telenovelas que ven en familia, pero mi mayor premio es mirar atrás y saber que ese chico de Cojívar que no tenía ni zapatos ahora apadrina a 36 niños en México. No para caridad: para que ellos tampoco tengan que jugar con calcetines.

Si tu destino no existe, créalo. Si te falta un sueño, inventa la versión más atrevida de ti.

— William Levy

04/25/2026

“Camila, eres una inmigrante ilegal. Tu inglés es malo. Tu acento es feo. Nunca vas a encajar en este país”.

Tenía 7 años cuando crucé la frontera de México hacia Estados Unidos. Era de noche. Iba en un camión con mi mamá, escondida, con miedo. No entendía por qué lloraba.

Nací en La Habana, Cuba. Mi papá era constructor. Mi mamá era arquitecta. Lo dejaron todo para darme una vida mejor. Llegamos a Miami sin nada.

En la escuela, los niños se burlaban de mi inglés. “Camila no sabe hablar”, decían. Me escondía en el baño durante el recreo para que no me vieran llorar.

A los 15 años, entré a Fifth Harmony. Fui famosa de la noche a la mañana. Pero la fama trajo más inseguridades. “Es la más fea del grupo”, escribían. “La que no sabe bailar”.

Dejé la banda. La prensa me llamó “traidora”. Me quedé sola, sin amigas, sin familia cerca. La ansiedad me consumía. Tenía ataques de pánico antes de cada presentación. Me diagnosticaron trastorno obsesivo-compulsivo y ansiedad.

Mi abuela en Cuba se enfermó. No podía visitarla porque era inmigrante sin papeles. Murió sin que yo pudiera despedirme. Ese dolor me persigue todos los días.

Escribí “Psychofreak” para hablar de mi salud mental. No fue fácil. Pero ya no me obligo a disimular. Si mi salud mental flaquea, paro. Ya no me da vergüenza.

Conocí a Shawn Mendes. Nos enamoramos. Escribimos canciones juntos. La prensa nos llamó “la pareja perfecta”. Nos separamos. La prensa nos llamó “fracasados”. Aprendí que el amor no es una competencia.

Hoy estoy grabando mi quinto álbum. Lo estoy haciendo en español e inglés. Porque soy las dos cosas. No tengo que elegir.

Crucé una frontera cuando era niña. Cruzar la frontera entre el miedo y la libertad ha sido más difícil. Pero lo estoy logrando.

Si hoy eres inmigrante, si hoy te sientes fuera de lugar, si hoy tu acento te da vergüenza: no te escondas. Tu historia vale. Tu voz vale. Tú vales.

— Camila Cabello

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