11/04/2019
Tan importante saber que como padres es nuestra responsabilidad enseñar a nuestros niños a permanecer en calma con actividades que no sean el celular o la tableta.
El problema es que nosotros mismos somos un ejemplo para ellos.
Con que cara le dices a tu hijo no puedes usarlo cuando tú no te despegas de él?
Necesitamos hacer conciencia!!!
Hola amigos:
Voy a revisar al niño en la mesa de exploración, pero él no está de acuerdo. Llora, se rebela, pega de gritos, le lanza los brazos a mamá y desde luego que tiene razón. Para el bodoquito yo soy un perfecto extraño y como a esa edad él tiene “angustia de separación”, que es una etapa de su desarrollo, es completamente normal que se angustie cuando me acerco. Por eso le pido a la mamá que lo cargue y trato de revisarlo en brazos o con su mamá (o figura de apego) lo más cerca posible. Le pido que le hable, le cante o le haga fiestas.
Pero mamá, y con más frecuencia el papá, en vez de cantarle el “witzi witzi araña”, como antes, lo que hacen es sacar el celular y le ponen la pantalla a diez centímetros de los ojos. Después de hacer unos bizcos para enfocar, suele suceder que el bebé al ver las imágenes de la puerquita “Peppa Pig” o de “Dora la Exploradora” se tranquilice. En realidad se enajena con la pantalla.
Contener a un niño con un celular está mal, pero cuando se los digo me miran como si yo fuera extraterrestre y siguen haciéndolo. Me dicen que “nunca” lo hacen, o que es la primera vez, pero al ver cómo el bebito se hipnotiza con el smartphone, no les creo. Otros de plano llegan con una tableta para el bebé, toda babeada y embarrada de papillas, pero dicen que el bebé nunca la usa. Entonces me imagino al papá babeando sobre la Tablet y comiendo papilla de mango mientras ve el futbol. Eso ha de ser.
Tenemos que entender que las pantallas de los celulares no son para niños pequeños. Les hacen daño.
Ya desde los remotos tiempos del cinescopio a blanco y negro, en aquellos años sesentas, se decía que los niños no debían ver más de una hora diaria de televisión. Ahora, en muchos casos, no pasan una sola hora del día sin estar en pantalla.
El daño que esto causa todavía no lo conocemos cabalmente, pero lo que hasta ahora se ha demostrado es que, dado que antes de los dos años se desarrollan los procesos lingüísticos y emocionales, la pantalla actúa como un bloqueo. No llegan los estímulos y por lo tanto hay retraso en el lenguaje y en la adquisición del vocabulario. Las habilidades necesarias para la comunicación interpersonal también se desarrollan en los primeros años. El niño pegado a la pantalla pierde el contacto con los gestos y las emociones reales. Una pantalla no puede suplir el rostro sonriente de un hermanito o la mirada de ternura de una madre.
La comunicación cara a cara es indispensable para el desarrollo emocional del bebé.
Si a esto le sumamos que también papá y mamá se la pasan metidos en su celular, y por lo tanto no responden a los gestos y demandas del bebé, el resultado es el aislamiento social del niño, precisamente cuando más necesita de la interacción humana. Si piensas un poco en esto, verás que es trágico.
Los expertos de la OMS son muy claros. Nada de pantallas antes de los dos años (“nada” significa CERO). Después de los dos años, no más de una hora diaria y después de los cinco años no más de dos horas. Por último, la OMS nos da esta regla: “cuanto menos, mejor”.
Si estás de acuerdo, comparte.
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¡Saludos!