01/07/2026
La columna vertebral es el eje del cuerpo.
Un pilar silencioso de inteligencia que atraviesa tu ser.
Construida vértebra por vértebra,
cada segmento compartiendo la carga,
absorbiendo impacto,
permitiendo movimiento sin colapsar.
En su centro fluye la médula espinal—
un río vivo de señales,
llevando el pensamiento al movimiento
y la sensación de regreso a la conciencia,
instante tras instante, sin descanso.
La columna conoce el equilibrio.
Es lo suficientemente firme para sostenerte erguido,
y lo bastante flexible para doblarse, girar y volver.
Sus curvas no son defectos—
son intención.
Arcos que suavizan el impacto,
distribuyen el peso
y te permiten avanzar.
Entre hueso y hueso habitan los discos—
almohadillas vivas que se comprimen,
rebotan
y recuerdan cómo te mueves.
Se nutren del movimiento.
Se apagan en la quietud.
La columna escucha cómo vives.
El movimiento la alimenta.
La restaura.
La inmovilidad la endurece.
El descuido la transforma.
La postura es memoria.
Los hábitos dejan huella.
Lo que repites, la columna lo registra.
Con el tiempo, se adapta—
no a lo que deseas,
sino a lo que practicas.
Más que estructura,
la columna es conversación.
Un puente entre el cerebro y el cuerpo.
Entre la intención y la acción.
Entre el pensamiento y el tacto.
Una desalineación sutil puede susurrar,
o puede resonar—
propagando tensión,
apagando la sensibilidad,
cambiando en silencio cómo habitas tu cuerpo.
La columna vigila.
Protege lo más valioso.
Transporta cada orden, cada reflejo,
cada instante de movimiento.
Sostiene todo lo que está por encima.
Ancla todo lo que está por debajo.
Y aunque rara vez pide atención,
siempre dice la verdad.
La columna no solo te sostiene—
te permite vivir.
Dr Diego, Illuminnate Chiropratic and Wellness Studio.