12/26/2025
Ya los psicólogos lo sabíamos.
Los abusadores, narcisistas y psicópatas existen independientemente de la inteligencia, el estatus social, los logros, el éxito profesional o incluso de haber formado una familia.
La incapacidad de que el otro te importe —su salud, su cuerpo, sus emociones— no está correlacionada con nada externo.
El otro te importa cuando tienes la capacidad de amar y sostener afecto real.
El caso Epstein me entristece profundamente, pero también nos recuerda algo esencial:
criar desde la empatía, enseñar a nuestros hijos a regular sus emociones sin usar a otros como objeto,
y nunca más dejar pasar un abuso.
Pareciera que, a diferencia de otros abusadores, Epstein no tuvo una historia clara de abuso, sino de inferioridad y carencias no elaboradas (aunque esto realmente no lo podemos confirmar).
La psicología dice: detrás de un agresor hay una víctima. Hoy en día, cualquiera puede sentirse carente o víctima: vivimos en un mundo de comparación constante, p*rnogr*fía gratuita (una forma de abuso sexual indirecto), expectativas irreales y una cultura que confunde poder con valor humano. Posiblemente la mayoría no hace el daño que hizo Epstein y sus clientes, ahora bien las carencias llevan a los humanos a olvidarse del otro, y usarlo como vehículo para lograr sus objetivos. Y es aquí donde herimos.
Y aquí algo clave:
Está en nuestras manos no normalizar que se sigan usando a los vulnerables ni a ningún ser humano para saciar instintos, carencias o aberraciones.
Señores podemos —y debemos— ser vehículo de amor, conciencia y límites, y enseñar que la energía sexual se vive como amor, no como poder.
Los logros no hacen a un ser humano ejemplar.
Ojalá estas historias nos ayuden a tener mejores conversaciones con nuestros hijos y a seguir combatiendo:
El tráfico de niños, el abuso, el poder mal usado, el exceso, la p*rnografía y el daño al otro.