04/29/2026
Si algo he aprendido en mi “aventura de vida” con la demencia, es que hay que normalizar el no estar bien.
Hoy me tocó, sin planearlo, acompañar a la vecina que pasea a Eva cada tarde. Tiene casi 80 años y, tras un derrame cerebral, ya enfrenta una pérdida de memoria que la frustra profundamente.
Hoy perdió su billetera. Estaba tan agobiada la pobrecita, que ni siquiera vino a ver a Eva, que suele ser el highlight de su día. Estaba desaliñada y visiblemente desorientada.
Llegué a casa a las 8 pm, cansada del trabajo… pero la traje a cenar conmigo. La escuché. Validé lo que sentía.
Y le recordé algo que a muchos nos cuesta: hay que darnos gracia. No podemos ser tan duros con nosotros mismos.
En momentos así, siempre vuelvo a algo que me ha sostenido muchas veces: la Oración de la Serenidad.
Hay cosas que simplemente son, y no las podemos cambiar.
Pero también hay cosas que sí están en nuestras manos.
Poco a poco, la fui guiando a ver ambas partes:
Que no puede cambiar lo que le pasó. Que su memoria ha cambiado por su condición cerebrovascular.
Y que está bien no estar bien.
Pero también le planteé que todavía puede intentar algo sencillo: re-trazar sus pasos y buscar su billetera.
A veces pensamos que lo que necesita una persona con síntomas de demencia es “corregirla” o “arreglarla”.
Y no.
Lo que más necesita es algo mucho más humano:
que la dejemos SER.
Que validemos lo que siente.
Que le mostremos empatía.
Porque sí… habrá días buenos, y otros no tanto.
Pero su valor no cambia. Nunca.
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Puede que alguien cerca de ti necesite leerlo hoy. 🩵