01/18/2026
Los daños silenciosos que el abuso del celular y las pantallas puede estar causando en tu cuerpo (y casi nadie te explica).
A simple vista parece algo inofensivo. Revisar mensajes, responder correos, ver un video corto, “solo cinco minutos más”. Pero mientras tu atención está fija en la pantalla, tu cuerpo entra en una posición para la que no fue diseñado… y el impacto se acumula.
Empecemos por el cuello.
Cada vez que inclinas la cabeza hacia adelante, la columna cervical deja de sostener solo el peso natural del cráneo (unos 4–5 kilos) y pasa a soportar hasta 27 kilos de presión. Es como si cargaras un niño pequeño sobre el cuello, durante horas, todos los días. Este fenómeno se conoce como “cuello de texto” o text neck, y no es una exageración: es biomecánica pura.
Esa sobrecarga constante provoca:
- Contracturas y dolor crónico cervical
- Rigidez de hombros y espalda alta
- Compresión de nervios
- Desgaste acelerado de discos y vértebras
- Dolores de cabeza tensionales
- Limitación progresiva de la movilidad del cuello
Con el tiempo, la postura se altera: la cabeza se adelanta, los hombros se encorvan, la espalda pierde su alineación natural. El pecho se cierra y los pulmones tienen menos espacio para expandirse, lo que empeora la respiración y favorece la fatiga.
Pero el daño no se queda solo en los músculos y los huesos.
Las pantallas también afectan tus ojos.
Mirar el celular durante largos periodos reduce de forma significativa el parpadeo. Esto favorece el ojo seco, ardor, enrojecimiento, visión borrosa y sensación de arenilla. A largo plazo, puede generar fatiga visual crónica y empeorar problemas de enfoque, especialmente en niños y adolescentes.
El impacto también es mental.
El uso excesivo de pantallas se asocia con:
- Aumento de ansiedad y estrés
- Alteraciones del sueño (por la luz azul y la sobreestimulación)
-Dificultad para concentrarse
- Mayor irritabilidad
- Dependencia conductual y pérdida de control del tiempo de uso
El cerebro permanece en un estado de alerta constante, recibiendo estímulos sin descanso. Dormir peor, pensar peor y descansar menos se vuelve parte del día a día.
Y el cuerpo entero lo siente.
Más tiempo frente a pantallas suele significar menos movimiento. Esto favorece el sedentarismo, el aumento de peso, la pérdida de masa muscular y el desarrollo de obesidad y enfermedades metabólicas. No porque el celular “engorde” por sí solo, sino porque desplaza el movimiento, el ejercicio y la conciencia corporal.
Nada de esto ocurre de golpe.
Ocurre en silencio, gota a gota, postura a postura, hora tras hora.
La tecnología no es el enemigo.
El problema es olvidar levantar la mirada.
Cuidar tu cuello, tus ojos, tu postura y tu mente hoy es prevenir dolor crónico, desgaste prematuro y enfermedades mañana. Tu cuerpo también necesita conexión… pero con el movimiento, la respiración y la vida real.
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Recordatorio esencial: La información presentada tiene carácter académico y educativo. No constituye consulta médica, ni debe ser utilizada para autotratarse. Si tienes molestias o preocupaciones, consulta a tu médico de confianza.