01/23/2026
Durante muchos años pensamos que la genética era como una sentencia 🧬: que si en nuestra familia había ciertas enfermedades, inevitablemente nosotros también las íbamos a desarrollar. Hoy sabemos que eso no es del todo cierto.
Existen algunas enfermedades donde la herencia genética es muy fuerte y prácticamente se van a manifestar sí o sí. Pero hay muchas otras, como las enfermedades cardiovasculares, la diabetes o la obesidad, que no dependen únicamente de los genes, sino en gran parte de cómo vivimos y qué hábitos repetimos dentro de nuestra familia 👨👩👧👦.
Pensemos, por ejemplo, en la alimentación 🍽️. Muchas veces no heredamos una enfermedad, sino la forma de comer: lo que se cocina en casa, lo que se considera normal, lo que se consume generación tras generación. Y hoy tenemos evidencia muy clara: alimentos como los jamones, los embutidos o el tocino han sido catalogados como cancerígenos, al mismo nivel que el ci******lo 🚬. Esto no es un detalle menor.
Ahora imaginemos el conjunto completo: una dieta alta en alimentos ultraprocesados, de bolsas y de cajas llenas de químicos y colorantes 🧪📦, una persona estresada 😰, que no duerme bien 😴, que no tiene un sueño reparador, que vive con pensamientos negativos, que no consume frutas ni verduras 🍎🥦. Si a todo esto le sumamos una predisposición genética 🧬, el cuerpo puede terminar desarrollando cáncer u otras enfermedades que, en muchos casos, eran prevenibles.
El mensaje no es para generar miedo, sino conciencia 💡. La genética no es un destino inevitable. La suma de nuestros hábitos puede hacer que esa carga genética pese mucho menos y que no terminemos con las mismas enfermedades de nuestra familia ❤️. Pero también puede pasar que, por malos hábitos, terminemos desarrollando otras enfermedades o incluso tumores más graves ⚠️.
Creado por .mitherz