02/23/2026
Cuando no tienes espacio para ser humano, buscas escape.
Cuando no tienes espacio para ser humano, buscas escape.
Y yo lo busqué.
No porque odiara a mis padres.
Sino porque no podía respirar.
Me exigían para que fuera mejor.
Me vigilaban para que no me desviara.
Me controlaban para evitar que me destruyera.
Pero algo se torció.
LAS CONDUCTAS NO NACIERON DE LA CALLE
Empecé a mentir para tener privacidad.
A ocultar para no decepcionar.
A arriesgar para sentir que algo era mío.
No fue rebeldía gratuita.
Fue desesperación por autonomía.
Y cuando la presión es constante,
el riesgo se convierte en alivio.
Viví conductas que hoy sé que eran extremas.
Exposición innecesaria.
Relaciones dañinas.
Decisiones impulsivas.
No buscaba peligro.
Buscaba sentir que valía
algo sin tener que rendir un examen.
LA TRAGEDIA NO FUE UN EVENTO
Fue acumulación.
Ansiedad crónica.
Culpa permanente.
Autoestima condicionada al rendimiento.
Relaciones donde aceptaba menos de lo que merecía.
Todo comenzó con algo que parecía correcto:
“Lo hacemos por tu bien.”
HOY ENTIENDO ALGO INCÓMODO
Algunos daños no nacen del abandono.
Nacen del miedo de los padres disfrazado de cuidado.
Si amas a tu hijo, revísate.
Porque la presión constante no siempre forma carácter.
A veces fabrica vacío.