01/08/2026
Ella no tenía problemas para amar.
Tenía problemas para quedarse.
Cada vez que algo se volvía estable,
algo en su interior se inquietaba.
No era miedo consciente.
Era una sensación antigua,
como una corriente subterránea que empuja sin avisar.
En la constelación, cuando se miró frente al agua, su cuerpo dio un paso atrás sin que nadie se lo pidiera.
El agua estaba quieta. Pero en su pecho, no. Entonces apareció la imagen:
una mujer del linaje que esperó toda la vida…y esperó sola.
Su cuerpo había aprendido esa espera. Y también ese retiro.
No se alejaba por desamor.
Se alejaba por fidelidad.
Cuando pudo mirar esa historia sin juzgarla, algo se aflojó en sus hombros. La respiración descendió.
El cuerpo dejó de luchar. No hubo promesas. No hubo decisiones forzadas. Solo un orden nuevo:
“esto no es mío, y ya no necesito repetirlo.”
Días después, al acercarse a su pareja, el cuerpo no huyó.
No porque todo estuviera resuelto,
sino porque ya no cargaba
una historia que no le pertenecía.
🌊
A veces el amor no falta.
Lo que sobra es memoria.
Y el agua sabe cómo devolver cada cosa a su cauce.
💬 Si esta historia tocó algo en ti, puedes dejar un “💧” en los comentarios.
📩 O escríbeme por mensaje privado si sientes que tu cuerpo también guarda una memoria que pide orden.
Blanca Nazarena Castilblanco
Maestra formadora en Constelaciones Fluviales
· ·