02/18/2026
📖📝 La reciente destitución de Marx Arriaga de la Dirección General de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) es un hecho que no puede leerse únicamente como un cambio administrativo. Su gestión fue, por decir lo menos, un serio obstáculo para la educación pública en México y un claro ejemplo de cómo la falta de criterios pedagógicos sólidos y de transparencia institucional termina por dañar el derecho humano a la educación.
📌 1. Una gestión marcada por la polarización y la mala técnica educativa. Durante su permanencia al frente de los materiales educativos, Arriaga se caracterizó por impulsar un enfoque ideológico que continuó el proyecto denominado Nueva Escuela Mexicana sin la debida apertura a los ajustes necesarios que la realidad educativa demanda. Su resistencia a modificar contenidos —incluso ante señalamientos de exclusión de perspectivas clave como la de género o la memoria histórica— evidenció un cerrado sesgo ideológico por encima de la calidad y pertinencia pedagógica.
📌 2. Crisis institucional y pérdida de legitimidad. La culminación de esta gestión no fue ordenada ni serena: Arriaga se atrincheró en su oficina durante varios días exigiendo ser notificado formalmente de su destitución, lo que reflejó un desprecio por los procedimientos institucionales básicos y una incapacidad para conducir equipos de trabajo con respeto a la legalidad y a la institucionalidad.
Este tipo de comportamientos no sólo entorpecen la función pública, sino que dañan la percepción de una SEP seria y profesional, indispensable para suscitar confianza en la comunidad educativa y en los padres de familia.
📌 3. Señalamientos de irregularidades y falta de transparencia. Más allá de los debates sobre contenidos, durante su gestión circularon acusaciones por supuestas irregularidades en la Dirección General de Materiales Educativos, incluyendo mensajes de trabajadores que señalaban prácticas que vulneran la integridad administrativa de la SEP. Aunque estas acusaciones aún deben ser investigadas con rigor, muestran el clima de desconfianza que se generó en la dependencia. Esto es especialmente grave si consideramos que la elaboración y distribución de libros de texto gratuitos debería ser un proceso técnico, transparente y orientado por criterios pedagógicos fiables y no por intereses personales o ideológicos.
📌 4. Un legado educativo que deja más dudas que certezas. La educación pública en México enfrenta desafíos estructurales profundos: rezago en aprendizaje, desigualdad regional, deserción escolar, entre otros. La dirección de materiales educativos no puede convertirse en un escenario de experimentación ideológica sin base técnica, ni en un espacio donde se confunde educación con propaganda.
La salida de Arriaga debe ser una oportunidad para reflexionar, pero sobre todo para exigir políticas educativas serias, abiertas al diálogo de diversos sectores técnicos y ciudadanos, y centradas en el interés legítimo de niñas, niños y jóvenes del país.