05/29/2026
Me encantó esta tendencia porque me pareció una forma muy gráfica para mostrar cómo se ve la desregulación crónica del sistema nervioso cuando ya no es algo puntual, sino una manera de vivir.
Porque muchas veces no nos damos cuenta de que no estamos “siendo así” por personalidad. Estamos sobreviviendo.
A veces se ve como huida: hacer, correr, pensar, producir, anticiparte a todo, no poder parar.
A veces como lucha: irritabilidad, control, hipervigilancia, tensión, estar a la defensiva, sentir que todos están en tu contra.
A veces se ve como colapso: agotamiento, desconexión, niebla mental, apatía, postergación, sentir que ya no puedes más.
Y a veces se ve como fawn o complacencia: adaptarte de más, decir que sí cuando quieres decir no, priorizar a todos antes que a ti, evitar el conflicto y perderte de vista para sentirte segura.
Y quiero desmitificar algo importante: vivir regulada no significa estar en calma todo el tiempo.
No significa no sentir ansiedad, enojo, tristeza o activación.
Significa poder transitar toda esa gama de emociones sin quedarte atrapada ahí.
Significa poder activarte cuando lo necesitas, pero también descansar cuando tu cuerpo te lo pide.
Poder poner límites sin culpa.
Reconocer tus necesidades antes de llegar al desborde.
Conectar contigo, con otros y con el presente.
Y volver a ti, una y otra vez, con más conciencia y menos violencia interna.
La regulación no es rigidez.
Es flexibilidad.
Es seguridad interna.
Es poder moverte entre acción, pausa, conexión y descanso sin vivir en un extremo.
Si te viste en alguno de estos modos, no significa que estés rota.
Significa que tu sistema aprendió a adaptarse para protegerte y para sobrevivir.
Y eso que tu cuerpo aprendió, también puede desaprenderlo poco a poco, con apoyo, práctica y mucha compasión.
¿Cuál de estos modos sientes más familiar en ti: huida, lucha, colapso o complacencia? Te leo 👇🏻