03/04/2026
Hoy es Viernes Santo, un día especial para quienes creen en Jesús o conocen su historia. Se recuerda la crucifixión, y pienso en el momento profundamente humano que padeció la noche previa a su muerte. Allí, Jesús se muestra vulnerable, angustiado y solo. Siente miedo, desamparo, como cualquier persona frente al dolor.
En la cruz pronuncia “Eloi, Eloi, lama sabachtani” (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?), una frase del Salmo 22. No es un grito vacío, sino una oración que comienza en angustia pero termina en esperanza. Esto revela algo profundo, incluso en el sufrimiento más extremo, la fe puede seguir viva.
La cruz simboliza amor y entrega. No es solo dolor, sino cercanía, un Dios que no se aleja del sufrimiento humano, sino que lo atraviesa. Por eso, si alguna vez te sentiste perdido, solo o desesperado, no estás fallando simplemente estás siendo humano.
Aceptar la vulnerabilidad no es debilidad, es el inicio de un cambio. En los momentos más oscuros también nace algo nuevo. No hace falta atravesarlo en soledad; compartir el peso lo vuelve más liviano.
Si sentís que todo se derrumba, recordá que muchas veces es el comienzo de algo distinto. Para renacer, algo tiene que transformarse. Y aunque hoy no lo veas, siempre hay un camino. No estás solo. Y si lo necesitas, acá estoy.