01/06/2015
A mi las velas me hacen acordar a cuando era chico y había un apagón en casa...
Mi hermana y yo decíamos: "abuelaa", "abuelaaaaaa" Mientras la escuchábamos decir: "¡otra vez en el medio de la telenovela!" Nos colgábamos con mi hermana dando manotazos cada uno a uno de sus brazos, ella nos sostenía firme e iba con nosotros a tientas a buscar una vela y una cajita de fósforos que tenía guardados estratégicamente para los apagones. En la planta baja nos encontrábamos con mamá, que nos hablaba y nos tranquilizaba para que no tuviéramos miedo pero que temía a la obscuridad y esperaba ansiosa, ella también, a que la abuela encendiera la vela. Luego de encendida había calma, la obscuridad se veía interrumpida por el poder de una pequeña vela gastada, pegada en un platillo de té, que se transformaba en ese momento en el elemento más importante de la casa, más importante aún que el televisor! Hablábamos, nos acercábamos, nos reíamos, mamá nos contaba cuentos, mi hermana se acomodaba miraba un punto fijo y escuchaba, yo hacía muchas preguntas, y la abuela seguía quejándose por la telenovela. Después, al volver la luz, nos sentíamos raros de estar ahí todos amontonados y soplábamos la vela que volvía a ser un elemento olvidado guardado en un estante en la cocina...
¿Ustedes qué piensan? ¿les ha pasado algo así?
Un grupo de velas puede ser una fuente de iluminación muy efectiva y quedan hermosas en los jardines. No dependemos de un suministro eléctrico para utilizarlas. Dan una luz tenue y cálida, ésto nos ayuda a relajarnos y a expulsar el estrés de nuestra jornada. A parte dan un ambiente de misticismo.