15/05/2026
Llamas a tu madre.
Preguntas por él.
Te dicen que está ocupado — viendo algo, en otra cosa.
Como siempre.
Y hay un momento brevísimo, casi imperceptible —
donde el niño de ocho años que fuiste
siente exactamente lo mismo que sintió entonces.
No lo muestras.
Aprendiste hace mucho a no mostrarlo.
Pero está ahí. Siempre estuvo ahí.
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