17/11/2025
La espera y la paciencia
Patricia Faur
La espera te desgasta, te condena al sitio de la inmovilidad. Ves pasar las horas y tu mirada se fija en las agujas del reloj. Cada minuto son tres horas, cada día, una semana. Y el otro no llama, no aparece. Y su silencio es devastador. Es el hueco del no amor. Y, por supuesto, lleva a desesperar. La espera te dice que no está, que es inútil insistir, que no va a amarte.
La espera del cambio del otro verá pasar tus días, tu tiempo, tus angustias, tu salud. Cuando consiga un trabajo, cuando deje de beber, cuando deje de mirarse a sí mismo, cuando se decida a querer una pareja, cuando haga terapia, cuando los astros estén alineados.
La paciencia es otra cosa. Es lo contrario de la ansiedad, de la compulsión. Es una espera útil, activa. Es el tiempo de cocción de un cambio. Es el prudente camino de un vínculo hasta que se construye una relación de amor, es el “impasse” entre el estímulo y la respuesta, es la franja que permite tomar una decisión cuando el proceso está maduro.
La paciencia es virtuosa, la espera es inútil. La paciencia es el riesgo de darle tiempo al enamoramiento para que se convierta en amor, de tejer vínculos amorosamente con calidad y artesanía, de construir confianza.
La paciencia es arte, sabiduría, reflexión. Un espacio de tiempo para que el amor eche raíces y los árboles den frutos. No te apures, pero no esperes.