12/01/2021
Comenzamos un nuevo año hace 12 días .Nuestro país transita la mayor epidemia viral de los últimos 100 años. Nuestras estadísticas son alarmantes. Y, sorpresivamente, las causas no radican en carecer de recursos sanitarios, o de un sistema de salud que dé respuesta.
Estamos forzando, cada día, la capacidad de nuestro sistema de salud, del personal sanitario (enfermería, medicina, técnicos, administrativos, laboratoristas), del Estado, cuyas ayudas nunca van a ser suficientes, de la población civil que, dentro de sus posibilidades, ayuda a los sectores más golpeados .En nombre de nuestra libertad, de nuestra idiosincrasia de esperar que nos resuelvan todo, de la queja y la crítica constante que es uno de nuestros alimentos como sociedad, de nuestro individualismo, estamos sacrificando alguno de los vienes más preciados que decíamos tener: empatía y solidaridad.
Los gobernantes tienen sus obligaciones y los ciudadanos las suyas.
Si decidimos creer que no hay coronavirus, que es una mentira para controlarnos, que fuerzas oscuras conspiran contra nuestro derecho a vivir como se nos cante, pensemos, por un momento, si cuando exigimos que se respete al que piensa diferente, lo estamos practicando .Millones confían en la ciencia. Por idiotas?, Por ovejas manipuladas? O porque la ciencia nos sacó del oscurantismo, nos permitió vivir más y mejor, nos dio bienestar y seguridad? El pensamiento científico es lo opuesto al dogma. El pensamiento científico se alimenta de la curiosidad y de la duda permanente, por eso nunca descansa. Por eso busca respuestas y más respuestas.
Muchos de nuestros excelentes científicos no eran conocidos para la mayoría de la población. Excepto quienes nos movemos en ese medio, nadie había oído hablar de quienes asesoran al gobierno en forma absolutamente honoraria, e, incluso, con perfiles políticos opuestos. No sabemos lo que tenemos y lo criticamos, no sabemos quienes son estas personas, ni los estudios que han desarrollado, ni la formación sólida que detentan, ni la capacitación que han recibido en los mejores centros de estudio e investigación de primer mundo, y nos damos el lujo de decir barbaridades.
Mientras, los números crecen. Porque la mayoría de nosotros, es incapaz de sostener una conducta preventiva.
Es más importante sostener que, "total, los que mueren son viejos con patologías previas" ( y, si fuera "tu "viejo?), o "la mayoría son casos asintomáticos o con síntomas leves, si me lo agarro, no pasa nada", ( y, si tu mejor amigo ,pareja, hermano, tiene una patología que desconoce y su organismo no logra defenderse contra el virus que le contagiaste?), Preguntas que no nos hacemos hasta que nos toca de cerca.
No se nos pide mucho .Y no es para siempre.
En 1842, Edgard Allan Poe publicó La máscara de la muerte roja" .Un simbolismo de las conductas humanas frente al dolor, al miedo, a la inminencia de la muerte. El príncipe Próspero y su corte se aíslan en una abadía, sellan las puertas y se dedican a festines, bailes, euforia, evasión, construyendo una realidad alternativa donde creen que la muerte no llegará...Adivinen qué? No sirvió de nada .Cada vez que nos evadimos, los números aumentan .Es mejor enfrentar, postergar, dedicar nuestro tiempo a mejorar como personas, a ayudar al que lo está pasando peor, a cuidarnos (un tapabocas, una ventanilla abierta, un buen lavado de manos, hacen la diferencia).Siempre habrá quienes pudiendo hacer más, no lo hagan, No es excusa.
La foto, muestra a un médico , en un hospital de Texas, EEUU, abrazando a un paciente anciano que quería volver a su casa, con su esposa. Piensen en eso, cuando se quejan porque la policía los dispersa y no pueden tomar de la misma botella con sus amigos, o ir a una fiesta, o matear entre cuatro.