09/12/2025
Todas las noches, Mateo enfrentaba el mismo terror. Al apagar las luces, una sombra intimidante aparecía en la pared de su habitación. La silueta alargada parecía observarlo, creciendo conforme avanzaba la noche. Para evitarla, Mateo desarrollaba rituales elaborados: dormía con la luz del pasillo encendida, se posicionaba de espaldas a esa pared, o se cubría completamente con la sábana, incluso en las noches más calurosas. Cierta noche, durante un apagón, Mateo fue forzado a usar una linterna. Moviéndola por la habitación, percibió que la sombra aterradora era apenas la proyección de su abrigo colgado en la puerta. Aquello que por tanto tiempo lo había atormentado era solo un objeto común transformado por el juego de luz y sombra. Nuestros miedos más profundos, cuando finalmente son confrontados con la luz adecuada, frecuentemente se revelan mucho menos amenazantes de lo que imaginábamos.