01/01/2026
La temporada de fiestas son una época de celebración, pero también un "campo de minas" para nuestra espalda. Aunque solemos asociar los excesos navideños solo con el aumento de peso o la digestión, nuestra columna vertebral sufre las consecuencias de cambios drásticos en la rutina, la alimentación y la actividad física.
• Inflamación por dieta: El consumo excesivo de azúcares, harinas refinadas y alcohol aumenta los niveles de inflamación sistémica. Esto puede agravar dolores crónicos o hacer que pequeñas contracturas se vuelvan mucho más agudas.
• Aumento de peso repentino: Ganar un par de kilos en poco tiempo supone una carga extra para los discos intervertebrales y las articulaciones de la zona lumbar, que no han tenido tiempo de adaptarse.
• Alcohol y sueño: El alcohol altera la calidad del sueño profundo. Un cuerpo que no descansa bien no repara adecuadamente los tejidos musculares, lo que nos hace más propensos a la rigidez matutina.
• Sobremesas eternas: Pasar horas sentados en sillas que no suelen ser ergonómicas (o en sofás muy blandos) rectifica la curvatura natural de la espalda, provocando el típico dolor lumbar al levantarse.
• Carga de pesos: El transporte de bolsas de compras pesadas en un solo brazo o el esfuerzo de montar el árbol de Navidad (agacharse, estirarse para colocar la estrella) son causas frecuentes de lumbalgias y tirones.