23/04/2026
🎯 Somos un cuerpo no compartimentos
CUANDO EL MODELO ES ERRÓNEO, LA ENFERMEDAD SE VE TARDE (Y SE TRATA PEOR)
Un punto de reflexión científica (sobre una joven de 21 años)
He decidido publicar este correo por dos tipos de razones:
La primera, porque proviene de una chica muy joven.
La segunda, porque ya es una costumbre observar la aparición progresiva de enfermedades-trastornos (en particular de naturaleza reumatológica) a edades cada vez más tempranas; nada de "enfermedades de la vejez"...
Esta joven mujer me escribe:
“Buenos días, mi nombre es G., tengo 21 años y le escribo porque desde la infancia sufro de cólicos abdominales que persisten hasta hoy. A estos se asocian, de forma ocasional, episodios de rectorragia, dolores musculoesqueléticos, cansancio crónico, náuseas y cefaleas.
Por el momento, el único diagnóstico recibido es , pero los síntomas continúan presentándose e impactan en mi .
Le escribo, por tanto, para preguntarle si sería posible realizar una evaluación más profunda.
¿Podría indicarme amablemente dónde se encuentra su consulta y la disponibilidad para una cita?
Le agradezco su atención y quedo a la espera de su amable respuesta”.
Un correo de pedido de ayuda, escrito de forma sintética, precisa y muy lúcida.
Lamentablemente, no tiene nada de excepcional:
Cólicos abdominales, dolores musculoesqueléticos, cansancio crónico, náuseas y cefaleas.
Un cuadro que, si se lee bajo una clave sistémica, relata claramente una condición de alteración difusa, en la que el intestino, el sistema inmunitario, el equilibrio neurovegetativo y el endocrino están involucrados de manera coherente y progresiva.
Y, sin embargo, el único diagnóstico recibido es un hipotiroidismo.
Este no es el problema. El problema es cómo se llega a ese diagnóstico.
El modelo dominante hoy es de tipo reduccionista y bioquímico: se identifica un parámetro alterado (en este caso, probablemente TSH, T3 libre, T4 libre), se le aísla del contexto biológico en el que está inserto y se le interpreta como una entidad patológica autónoma.
En realidad, la fisiología endocrina nos enseña exactamente lo contrario: que el eje hipotálamo-hipófisis-tiroides no es un sistema independiente, sino que está profundamente modulado por señales metabólicas, inflamatorias y neurovegetativas.
Citocinas proinflamatorias como la IL-6 y el TNF-α, por ejemplo, son capaces de reducir la conversión periférica de T4 en T3 mediante la inhibición de la desyodasa tipo 1, mientras que la activación crónica del eje del estrés (HPA) puede alterar directamente la secreción de TRH y TSH. En este sentido, el hipotiroidismo no es necesariamente una “enfermedad primaria”, sino que puede representar una respuesta adaptativa a un contexto sistémico alterado (sobre todo a merced de una inflamación crónica...).
Si volvemos a la historia clínica, el punto de partida es evidente: el Sistema Intestinal.
Un trastorno crónico desde la infancia sugiere una condición de persistente y una función de barrera alterada.
La literatura describe de forma cada vez más clara cómo el aumento de la permite el paso de endotoxinas bacterianas (en particular lipopolisacáridos, LPS) al torrente circulatorio.
Este fenómeno, conocido como endotoxemia metabólica, activa el innato (a través de receptores como el TLR4), determinando una producción crónica de mediadores inflamatorios.
Esta activación no permanece confinada al intestino, sino que manifiesta efectos sistémicos. Las citocinas circulantes modulan la (con reducción de la actividad endocrina), interfieren con la señalización de la insulina (con resistencia periférica en multitud de tejidos), alteran la función mitocondrial y contribuyen a la aparición de síntomas como astenia, dolor difuso y cefalea.
Paralelamente, el intestino dialoga constantemente con el central a través de los componentes neurovegetativos (especialmente el nervio vago y las estructuras ortosimpáticas) y un crónico altera inevitablemente la actividad nerviosa autonómica, generando una desregulación neurovegetativa con repercusiones en la motilidad intestinal y la percepción del dolor (en este contexto deberían evaluarse y contextualizarse las polineuropatías de fibras pequeñas, en lugar de redactar diagnósticos vacíos y sin finalidad...).
En tal clima biológico, los dolores musculoesqueléticos no son un elemento separado, sino parte del mismo cuadro: la sistémica de baja intensidad o bajo grado, una condición que hoy es reconocida como uno de los principales motores de los síndromes de dolor difuso.
El cansancio crónico, del mismo modo, está estrechamente ligado a una producción energética alterada a nivel mitocondrial, observada frecuentemente en condiciones inflamatorias persistentes.
He aquí, pues, que lo que parece una serie de síntomas “dispersos” es, en realidad, la expresión común de un único proceso biológico.
El punto crítico es que este proceso NUNCA se evalúa.
El modelo actual es, paradójicamente, doble y contradictorio:
En la fase inicial es excesivamente expectante, porque ante la ausencia de alteraciones macroscópicas o de parámetros fuera de rango, se tiende a no intervenir.
En la fase avanzada se vuelve, en cambio, hiperintervencionista cuando la enfermedad ya es manifiesta; es decir, cuando se han acumulado todos los requisitos exigidos por los protocolos. Entonces se interviene con fármacos que actúan principalmente de forma inhibitoria o sustitutiva: se suprime la función, se modula el receptor, se bloquea la vía bioquímica, pero NUNCA se interviene en el contexto biológico que generó esa disfunción, es decir, un SISTEMA INTESTINAL EN DESORDEN, especialmente a nivel microbiano...
Este enfoque, además de ser limitado, es fisiológicamente miope, porque la biología no funciona por compartimentos estancos ni por valores aislados. Funciona por REDES, por ADAPTACIONES, por EQUILIBRIOS dinámicos.
Continuar leyendo el cuerpo de forma fragmentada significa llegar siempre tarde, y cuando se llega, se interviene comprimiendo y agrediendo sin comprender NUNCA...
La MEDICINA debería tener, necesariamente, una visión sistémica, entender las correlaciones, unir las "piezas" aunque estén anatómicamente distantes, ESTAR FORMADA para comprender la maestría del sistema biológico y conocer la EVOLUCIÓN de la especie, porque esto permitiría a los profesionales de la salud —a quienes el Estado confía la salud pública— poder COMPRENDER los eventos de la enfermedad desde sus inicios...
Intervenir ELIMINANDO las causas, es decir, devolviendo el sistema intestinal hacia la necesaria eubiosis, significa actuar sobre un terreno que aún no ha desarrollado la patología de forma manifiesta. Es en esta fase donde la intervención tiene el máximo potencial, porque actúa sobre un sistema todavía plástico, más fácilmente “recuperable”.
El caso de esta chica no es una excepción.
Es la expresión de un modelo extendido en el que se pierde la capacidad de leer la continuidad biológica entre el intestino, el sistema inmunitario, el sistema nervioso y el .
Y mientras se siga persiguiendo números en lugar de comprender procesos, se seguirá perdiendo el momento más importante: aquel en el que el cuerpo, silenciosa pero claramente, ya está pidiendo ser escuchado.
Espero de corazón que esta joven también decida EMPRENDER nuestro camino, es decir, aplicar el simple RESPETO al sistema biológico antes de que se determine una mayor expansión de la enfermedad y sea sometida al ritual acto represivo-inhibitorio químico-farmacéutico; porque el sistema biológico conserva siempre una posibilidad de recuperación, pero ignorar sus señales significa hacer ese camino progresivamente más largo, complejo y costoso para el organismo.
Hasta el próximo punto de reflexión."
Dr. Andrea Nascimben
22 de abril 2026