22/12/2022
Depresión y Autismo
Las personas con autismo tienen cuatro veces más posibilidades de desarrollar depresión que la población general y es considerada la afección de salud mental más frecuente en personas con trastornos del espectro autista
Es fundamental considerar la posibilidad que una persona
con TEA sufra depresión y estar alerta sobre la posibi-
lidad de que la padezca, no considerar que todo lo que
expresa conductual y cognitivamente está directamente
relacionado al autismo. Es importante saber que la
depresión puede no manifestarse de la misma manera
que en las personas con desarrollo típico y desterrar el
concepto de que las personas con autismo no pueden
sentir emociones fuertes (depresión, tristeza, angustia,
etc.). Las personas con autismo tienen cuatro veces
más posibilidades de desarrollar depresión que en la
población general, considerándose la afección de salud
mental más común entre ellas El trastorno del estado
de ánimo, puede tener consecuencias devastadoras en
la calidad de vida y aumenta el riesgo de pensamientos
y comportamientos suicidas en adultos autistas, es por
ello que la detección de la depresión es crítica Por otra
parte la depresión es más común en mujeres con TEA
y esto probablemente esté relacionado a un diagnóstico
más tardío de las mismas, abordajes inadecuados por
falta de detección, su propia conciencia de dificultades
sociales y la tendencia a “camuflar sus síntomas para
encajar mejor socialmente”
¿Cómo se manifiesta la depresión en el
autismo?
Uno de los desafíos es reconocer las manifestaciones
relacionadas a la depresión en personas con TEA, en
quienes, en general, se expresa en forma diferente en
relación a las que tienen desarrollo típico. En ellos la
depresión puede evidenciarse con inquietud e insomnio
y no manifestarse con sentimientos de tristeza Es funda-
mental tener en cuenta que los rasgos asociados con el
autismo pueden superponerse con algunos síntomas de
depresión, haciendo que los signos verdaderos de depre-
sión sean difíciles de detectar. Por ejemplo, el retraimiento
social, las dificultades para dormir, la falta de expresión de
afecto y el déficit de contacto visual están asociados con la depresión y con el autismo. Respecto de la evolución,
en niños desde los 10 a 18 años, se ha detectado que la
persistencia de la depresión estuvo directamente relacio-
nada a la persistencia de situaciones de hostigamiento y
a los impedimentos de comunicación social.