03/06/2021
CÓMO MANEJAR LAS “PATALETAS”
Una pregunta muy frecuente en consulta tiene que ver con las “Pataletas” también llamadas berrinches o rabietas. Si estas ocurren antes del año, usualmente se debe a que el menor no se puede comunicar o no entendemos lo que quiere expresar debido a que su lenguaje no es claro aún, porque no ha alcanzado un buen desarrollo. Son utilizadas por los menores como forma de demostrar frustración.
Generalmente entre 1 y 3 años aparecen como desafío a la autoridad que le impone límites que rechaza. Es común que en esta época el menor inicie su deambulación y el mundo es una inagotable fuente de descubrimientos; los adultos al estar atentos del cuidado van creando fronteras que en ocasiones el menor quiere rebasar y al no poder hacerlo surge frustración y la expresión de ésta se da con gritos, manoteos, zapateos, manifestación de ira con gruñidos, empuñando las manos, conteniendo la respiración, etc. En síntesis, son una manera de comunicación, pero con unas características inadecuadas; tanto que se ha estigmatizado la edad en que ellas aparecen y se habla de “los terribles twos” o “los terribles dos años”.
Hay que entender que las pataletas no son anormales, que son transitorias y que del adecuado abordaje que realicemos, el resultado que obtendremos al final de este periodo será un individuo más reflexivo, tolerante y maduro que acepte explicaciones y descubra que existen límites para las cosas y maneras de comunicarse más adecuadas con las que se pueden obtener mejores resultados.
Debe existir una “sintonía” en la crianza y en esta deben estar involucradas todas las figuras de autoridad que hacen parte del entorno del menor. Es decir: padres, hermanos, mayores, abuelos, maestros y cuidadores en general, los cuales quienes tienen que hablar el mismo idioma, porque de no ser así se crea confusión en el menor y sobre todo va a permitir que saque partido de esto si detecta que hay ambigüedad de conceptos en los adultos que lo acompañan.
Si el menor descubre que existe una manera por medio de la cual obtiene lo que pretende, con seguridad la va a seguir empleando con el fin de conseguir lo que quiere.
La mejor forma de educar es con el ejemplo y si los menores observan que los adultos presentan reacciones inadecuadas ante las frustraciones lo mas probable es que actúen de la misma manera, en conclusión: “Hay que practicar lo que se predica”
Las Pataletas pueden presentarse en cualquier lugar: en la casa, en el colegio, en el centro comercial, etc., o por cualquier motivo, pero la condición para que se presente es que exista alguien susceptible de atenderla; lo dicho, es una manera de comunicarse y para que la comunicación exista es condición que haya: “emisor – mensaje – receptor” con una “frecuencia” determinada o mejor: “menor – motivo de pataleta – cuidador” y “forma de expresarlo”; con este símil expreso como frecuencia el canal de sintonía, pretendo decir que dos radios no se pueden comunicar si están en frecuencias diferentes para hacerlo.
Es claro que al menor que hace Pataletas no se le puede conceder lo que pretende por la forma en que lo está solicitando, aunque lo que pretenda sea algo razonable, y esto lo debe entender.
La presencia de las pataletas genera en los adultos sentimientos que pueden variar desde la indignación y vergüenza hasta la rabia, pero hay que tener claridad que el adulto no puede estar a nivel del menor y es el responsable de abordar adecuadamente la misma: sin alzar la voz, gritar, castigar o actuar inadecuadamente imponiendo castigos exagerados. Al contrario, el primer análisis que debe hacer es si el motivo de la pataleta es razonable o no, incluso debe tener la capacidad de reflexionar si el propio actuar es adecuado o no. Una vez hecho el análisis se debe decidir la manera de enfrentar la pataleta que puede variar desde “el tiempo fuera”, el diálogo inmediato de ser posible, o aplazarlo de ser necesario, pero siempre siendo claro y firme sin caer en lo repetitivo (cantaleta)
Cuando la rabieta este acompañada de agresión a otros o autoagresión, se debe alejar del grupo o de los sitios de peligro o retirar los elementos con los que se pueda lastimar; si en cambio lanza objetos se le deben quitar a la vez que se le explica lo inadecuado de hacerlo.
Después del abordaje agudo y cuando nuevamente el menor se encuentre calmado, se le debe hablar claramente, invitándolo a la reflexión de la situación, validando siempre sus sentimientos y realizando juicio del hecho, mas no de la persona; es decir, expresar lo inadecuado de haberse expresado como lo hizo sin descalificar al menor haciendo juicios de valor (no decir por ejemplo que es un “niño malcriado” sino que “un niño como él no actúa de esa manera tan inadecuada”).
Los padres y cuidadores nos enfrentamos a gran cantidad de situaciones en el acompañamiento de la crianza de nuestros menores, generalmente todas ellas tienen un objetivo de aprendizaje especifico que participa de la construcción de la personalidad y aportan al menor formas abordar problemas y resolverlos de la mejor manera. El propósito que debemos tener es que en cada etapa del desarrollo que el menor supere, fructifique en un individuo más reflexivo, crítico, razonable, socialmente competente, sano, feliz y que sepa que forma parte de una familia que lo valora y lo ama