04/04/2026
PTERIGIO:
El pterigio es una proliferación fibrovascular de la conjuntiva bulbar que invade progresivamente la córnea. Se origina por una degeneración elastótica del estroma conjuntival y una disfunción del limbo corneal, lo que permite que el tejido conjuntival crezca sobre la superficie corneal. Aunque es una lesión benigna, puede generar astigmatismo irregular por tracción y comprometer la visión cuando invade el eje pupilar.
Desde el punto de vista etiopatogénico, el factor más importante es la exposición crónica a radiación ultravioleta, especialmente UV‑B, que induce daño en las células madre limbares y favorece la angiogénesis mediante la activación de factores como VEGF y TGF‑β. También contribuyen los microtraumatismos repetidos por viento, polvo y ambientes secos, así como la inflamación crónica que estimula metaloproteinasas y altera la matriz extracelular. Existe además una predisposición genética relacionada con mecanismos de reparación del ADN y estrés oxidativo.
Clínicamente, el pterigio se manifiesta como una lesión triangular o alada que se origina en la conjuntiva bulbar, casi siempre en el lado nasal, y avanza hacia la córnea. Produce síntomas como irritación, sensación de cuerpo extraño, hiperemia, lagrimeo y, en fases avanzadas, disminución de la agudeza visual por inducción de astigmatismo o invasión del eje pupilar. La biomicroscopía permite evaluar su extensión, grado de vascularización y actividad inflamatoria.
La clasificación del pterigio puede hacerse según su extensión, su actividad y su localización:
Según la extensión, se describe como:
Grado I
Cuando se limita al limbo.
Grado II
Cuando avanza hacia la pupila sin cubrirla.
Grado III
Cuando invade el eje pupilar.
Según su actividad, puede ser activo cuando es vascularizado, hiperémico y con crecimiento progresivo, o inactivo cuando es fibroso, blanquecino y sin signos inflamatorios.
Según la localización, puede ser nasal, temporal o doble cuando aparece en ambos lados.
El tratamiento depende del grado de progresión y de los síntomas. En fases iniciales se indican lubricantes, antiinflamatorios tópicos y protección UV para reducir la irritación y evitar estímulos que favorezcan el crecimiento. La intervención quirúrgica se reserva para casos con progresión significativa, afectación visual, astigmatismo inducido o motivos estéticos importantes. La técnica de elección es la escisión con autoinjerto conjuntival, que disminuye la recurrencia. En algunos casos se emplean adyuvantes como mitomicina C o ciclospo***a A para reducir la inflamación y el riesgo de recidiva.
La prevención se basa en la reducción de la exposición a radiación UV mediante el uso de lentes con filtro adecuado, evitar ambientes con polvo y viento, mantener una lubricación ocular adecuada y realizar controles oftalmológicos periódicos, especialmente en regiones tropicales y ecuatoriales donde la incidencia es mayor.
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