31/07/2017
Cómo ayuda un actor a una sociedad en tiempo de crisis?
De: Julio César Márquez
El arte es un lenguaje incendiario. Puede hacer cenizas la maquinaria conceptual más invencible a la que le haya dado poder cualquier episodio de la historia. Como el mito de que sentir puede dialogar con la disciplina, por ejemplo .O aquel de que pensar debe propulsar siempre el progreso y no el descalabro .Que nadie nunca olvide que la idea de experimentar la vida en un sueño, en un suspiro leve de la conciencia es un acto sagrado para el espíritu y el arte, es la única fuerza e institución que le garantiza al hombre ese derecho.
De la maquinaria que hablo es aquella que el teorema social ha levantado como aparato que ordena arbitrariamente al hombre qué sentir y cómo hacerlo, así su otro YO, Así su otro libre no lo haya resuelto de determinada manera
Entonces pienso y repienso en el arte y sus embajadores. y allí, en esa disquisición del espíritu, emerge el actor, como concepto. Como visión, como proyector redentor de la humanidad no conocida. El embajador del as verdades espirituales más profundas que habite el universo. Él creador sagrado. La oveja expiatoria de toda verdad del ser. Él y su oficio su oficio tan teológico pero a la vez tan ateo, Tan paternal pero al mismo tiempo tan bastardo es, aunque no se entienda un artista y motivador social necesario.. ¿Para qué incardinar un actor en la dimensión de otro que se sale de su realidad para por momentos distraerse con las ilusiones que este le ofrece ?¿Para qué el actor en el liderazgo de acontecimientos que rodean una realidad social? si no hay ninguna intención de hacer en dicho momento silencio para soñar e imaginar..Y al final aplaudir. Ni mucho menos tiempo para ¿Que tanto puede hacer un histrión?
Un actor puede crear un discurso de movilización social tan poderoso como una horda enardecida que lucha por un ideal. Un actor desde su oficio podría llegar a reconstruir la posibilidad de sensibilidad de un ser humano para que reivindique en su sensación de fracaso. Él tiene ese poder.
Los actores le hablan a la verdad atravesándola, no la, ni denunciándola. No le imponen cargos para que esta se aterre y no sucumba a enunciar fallidamente su esencia. El actor la sabe tratar, la comprende en su más profundas esencias y pureza y la simboliza esto el discurso más peligroso con el que sienta comprometida lo asiente.
Si un actor interviniere en las demandas primarias de una sociedad comenzaría por enseñar a usar la palabra como vehículo para la convivencia. A emplearla como el único y más sofisticado elemento que tiene el hombre para diferenciarse de la especie animal. En la palabra y por medio de ella el hombre enuncia el principio que más lo mide como ser civilizado: la ética.
Un actor podría enseñar inequívocamente cómo los individuos deben mirarse respetando sus límites .Él posee el conocimiento de cómo, sin levantar la mínima sospecha el hombre puede atravesar los el instinto más primitivo de otro, con solo enfocarlo con una leve mirada, conociéndolo, comprendiéndolo y prediciendo el horizonte de sus emociones. Un actor podría explicarle a una sociedad como sentir sin tener miedo, porque él es un especialista que ha tocado muy cerca la naturaleza física de las emociones. Él entiende donde eclosiona su nacimiento y dónde terminan muriendo.
Pero hay muchas más cosas que un actor podría aportar a un pueblo. A una ciudad. A un país. Podría por ejemplo ayudar a reconocer la esencia pura de lo falso, así obviamente como la substancia más primaria de lo certero. Y no porque estudie el lenguaje de la mímesis, Ese podría ser sólo un recurso. Porque un actor entiende que cuando un ser se vuelve profundamente falso o profundamente verdadero sin darse se cuenta se vacía primero. Y dicho proceso, aquel en el que ocurre una ablución del ser en el que un hombre se deja apoderar por la demudación del carácter que propicia cada hora de la vida el actor si lo entiende. El conoce perfectamente el lugar donde desemboca este desdoble del espíritu.
Un actor podría perfectamente enseñar a llorar, Pero no llorar donde la biología activa un instinto para que el cuerpo drene tensiones. Un actor enseñaría a llorar, pero al alma. Explicándole que es a través del silencio y la imaginación en donde la memoria de un individuo aguarda su vida y su muerte.
"Que un individuo quiera despertar en otro individuo recuerdos que no pertenecieron más que a un tercero es una paradoja evidente. Ejecutar con despreocupación esa paradoja, es la inocente voluntad de toda biografía".
Jorge Luis Borges.