29/03/2026
Eleanor Roosevelt en Caracas y el país que escribió en su diario
Marzo de 1944. La visita de Isaías Medina Angarita a Washington abrió una puerta en plena guerra mundial. Semanas después, la historia cambia de escenario: Eleanor Roosevelt llega a Venezuela decidida a ver por sí misma lo que ya había escuchado en la Casa Blanca.
CorreodeLara.com | Revivimos la historia
El 23 de marzo, su llegada a La Guaira queda registrada con precisión: nombres, gestos, jerarquías. Luego asciende a Caracas por una carretera que la deslumbra —“maravillosa”—, entre montañas que anuncian un país en transformación.
Sin pausa, visita el Panteón Nacional. Deposita una ofrenda ante Simón Bolívar y comprende el símbolo: no es pasado, es poder vigente.
Pero el núcleo de su experiencia no está en los actos oficiales. Está en la casa de William H. Phelps, en El Paraíso. Desde esa residencia —hoy ubicable en la avenida Páez— observa a Caracas con mirada precisa. No se aloja en un espacio neutro: entra en el corazón de una élite que encarna modernidad y poder.
Desde allí escribe.
Describe una ciudad partida entre lo antiguo y lo nuevo. Registra la hospitalidad —“nos hicieron sentir muy bienvenidos”— pero no se queda en la cortesía.
Reconoce un gobierno “progresista”, enfocado en vivienda y educación. Pero introduce la fisura: la guerra encarece la vida y golpea a los más pobres. No idealiza.
También detecta un cambio en marcha: el debate sobre el voto femenino. “Casi podría decirse que existe un movimiento feminista”, apunta.
Hay un gesto clave: el presidente acude a la casa donde ella se hospeda. La diplomacia se flexibiliza.
Eleanor observa incluso lo cotidiano: soldados en tránsito, redes de apoyo, cenas atravesadas por la guerra. Y al final del día, escribe.
Cuando se marcha, deja un retrato preciso: un país hospitalario, pero desigual; moderno, pero en construcción.
En marzo de 1944, Venezuela no solo recibió a la Primera Dama.
Fue interpretada.
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