07/01/2026
Muchos no están donde están. Viven allí, pero no habitan. Trabajan, pero no están presentes. Aman, pero no sienten. Se mueven por una vida que no eligieron, solo aceptaron. Lo que los guía no es deseo… sino inercia, expectativa, miedo o culpa.
Este es el desarraigo invisible. Una forma de existir sin pertenecer. El alma no puede echar raíces en un suelo ajeno. Y cuando eso ocurre, se enferma. No con síntomas físicos… sino con vacío.
Volver a enraizarse no es mudarse, renunciar o huir. Es comenzar a preguntarse, sin anestesia: “¿esto es mío?”. Si no lo es, hay que soltar. Si lo es, hay que elegirlo otra vez… pero con alma.
¿Dónde estás sin estar? ¿Qué parte de tu vida funciona, pero no vibra? Allí empieza tu retorno.