17/11/2025
Tomado del muro de Merce Amaya ...
LA CONEXIÓN INTESTINO–CEREBRO: CÓMO EL NERVIO VAGO UNE TUS EMOCIONES, TU DIGESTIÓN Y TU SALUD MENTAL EN UN MISMO CAMINO SILENCIOSO
Pocas personas saben que el intestino y el cerebro no funcionan como dos sistemas separados. Entre ellos existe una autopista nerviosa que transmite señales en ambas direcciones las 24 horas del día: el nervio vago. Y entender esta conexión cambia la forma en que interpretamos la ansiedad, el estrés, los malestares digestivos, los cambios de humor e incluso ciertas enfermedades inflamatorias. Porque cuando uno sufre, el otro lo siente. Y esa relación es mucho más profunda de lo que parece.
El nervio vago es el principal canal de comunicación entre el sistema nervioso central y el sistema digestivo. Lleva información sobre inflamación, estado emocional, ritmo cardíaco, digestión, respiración y tensión muscular. Cuando el intestino está irritado, inflamado o desequilibrado —por estrés, mala alimentación, microbiota dañada o infecciones—, envía señales directas al cerebro que pueden manifestarse como ansiedad, dificultad para concentrarse, irritabilidad, problemas de sueño o sensación de alarma sin motivo aparente.
A la vez, el cerebro también influye en el intestino. El estrés crónico reduce la motilidad intestinal, altera la microbiota, incrementa la acidez y aumenta la inflamación. Un día de preocupación intensa puede bastar para generar diarrea, estreñimiento, dolor abdominal o náuseas. Es el mismo eje, el mismo cable conductor, reaccionando en ambas direcciones.
Lo que ocurre en el intestino no se queda en el intestino. Por eso la microbiota —los billones de bacterias que viven allí— juega un rol emocional tan importante como físico. Cuando está equilibrada, produce neurotransmisores como serotonina, dopamina y GABA, que influyen en la calma, el bienestar, la motivación y la estabilidad emocional. Cuando se desequilibra, el cuerpo puede entrar en un estado de hipersensibilidad, ansiedad fisiológica y fatiga mental.
Y del mismo modo, lo que ocurre en el cerebro tampoco se queda en el cerebro. Pensamientos acelerados, angustia acumulada, falta de sueño o periodos de estrés prolongado pueden alterar la digestión, aumentar la inflamación intestinal y debilitar la comunicación vagal, creando un círculo vicioso difícil de romper.
Cuidar la salud intestinal —alimentación equilibrada, fibra, probióticos, descanso adecuado y manejo del estrés— es cuidar la salud mental. Y cuidar la mente —meditación, respiración profunda, ejercicio, pausas conscientes— es cuidar el intestino.
El eje intestino–cerebro no es teoría ni metáfora. Es un sistema real, biológico, activo, que influye directamente en cómo piensas, cómo sientes y cómo vives. Y cuando uno de los dos se desequilibra, el otro se descompensa.
Por eso, escuchar tu cuerpo no es solo prestar atención a tu mente…
Es también aprender a escuchar tu intestino, porque ahí empieza más de tu bienestar de lo que imaginas.