16/01/2026
"Carl Gustav Jung escribió que uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad. Y sin embargo, seguimos intentando sanar aquello que aún no estamos dispuestos a mirar.
La sombra no aparece para ser corregida. Aparece para ser reconocida. Ese es el primer malentendido que muchos arrastran cuando comienzan un camino interior: creen que la sombra es un error, una falla del carácter, algo que debe ser eliminado cuanto antes. Pero la sombra no es el enemigo. Es la parte de ti que fue expulsada cuando aprendiste qué estaba permitido sentir y qué no.
A men**o la sombra se manifiesta en forma de reacciones desproporcionadas. Ira que surge de repente, celos que no encajan con la situación, tristeza sin causa aparente, juicios severos hacia los demás. Ahí no hay debilidad. Hay memoria. Hay partes del alma que aprendieron a sobrevivir ocultándose.
Jung observó en su práctica clínica que aquello que no se hace consciente se manifiesta como destino. Por eso repetimos vínculos, conflictos y patrones aunque juremos que esta vez será diferente. No es mala suerte. Es una conversación no atendida entre la conciencia y lo reprimido.
La sombra también contiene vitalidad. Deseos, impulsos creativos, fuerza instintiva. No solo lo “negativo” queda relegado al inconsciente, sino también lo auténtico cuando no encaja con la imagen que tuvimos que construir para ser aceptados. Muchos adultos viven agotados no porque carguen demasiado, sino porque dejaron partes esenciales de sí mismos encerradas en la sombra.
Integrar no significa justificar. Comprender no es actuar. Mirar la sombra no implica obedecerla, sino darle un lugar simbólico para que deje de gobernar desde la oscuridad. Cuando se la ignora, actúa. Cuando se la escucha, se transforma.
Hay un momento decisivo en todo proceso de individuación: cuando la persona deja de preguntarse “¿por qué soy así?” y empieza a preguntarse “¿qué parte de mí está pidiendo ser reconocida?”. Esa pregunta cambia la dirección del viaje.
La sombra no quiere ser curada porque no está enferma. Quiere ser vista. Y cuando eso ocurre, deja de gritar a través de síntomas y comienza a hablar con sentido".